Martes 06/12/2016. Actualizado 01:00h

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Reino Unido

Desde hoy se puede visitar, por primera vez en la historia, el banquete de Estado en el palacio de Buckingham

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Hay que innovar. En caso contrario los turistas cambian sus preferencias o visitas en Londres. Es lo que ha hecho Isabel II. Y por primera vez en la historia, -algo que suele ser habitual en el Palacio Real de Madrid- el Palacio de Buckingham muestra desde esta mañana toda la pompa que rodea un banquete de Estado. Lo mejor: la vjilla y la cristalería, los adornos florales y la puesta en escena. Lo peor: los maniquíes de lacayos que dan un cierto aire grimoso al salón. Pero, si está en Londres, no se lo pierda.

Cada año, ese palacio londinense, residencia y sede de trabajo de la soberana, abre sus puertas durante el verano como medio de lograr financiación, de gran importancia sobre todo después de que este año se conociera que la fuerte inflación en el Reino Unido ha hecho mella también en las finanzas de la soberana. La Casa Real británica necesita urgentemente 32 millones de libras (unos 40 millones de euros) para el mantenimiento de varias residencias reales, entre ellas el Palacio de Buckingham, algunas de cuyas salas no se han tocado desde hace medio siglo.

Quizás para incentivar las visitas, este año hay una novedad: contemplar la célebre mesa con forma de herradura del salón de baile dispuesta para un banquete de Estado, como el celebrado por Isabel II en honor del entonces presidente sudafricano, Nelson Mandela, en 1996, o el ofrecido al mandatario de EEUU George Bush en el 2003.

A lo largo de su reinado, la soberana ha celebrado 97 banquetes de Estado, 77 de ellos en Buckingham; 18 en el Palacio de Windsor -como el ofrecido en honor del presidente francés, Nicolas Sarkozy, y su esposa, Carla Bruni, en marzo pasado- y los dos restantes en el Palacio de Holyrood, en Edimburgo.

Celebrado la primera noche de estancia en el Reino Unido del mandatario extranjero, el banquete de Estado es, sin duda, uno de los actos más significativos. La planificación comienza seis meses antes de la visita y la reina sigue atentamente su preparación, desde la elección del menú y la elaboración de la lista de invitados, hasta los lugares donde se sientan los asistentes. Poco antes de que comience el banquete, por la tarde, la Reina inspecciona por última vez la gran mesa.

La mesa comienza a ponerse dos días antes del banquete. La distancia entre cada invitado es de 45 centímetros. Cada asistente cuenta con seis copas, para el agua, el vino -blanco y tinto-, el oporto, una quinta para brindar y otra para el postre: en total 1.014 copas. Se exhiben en esta ocasión las que fueron fabricadas para la coronación de la reina, en 1953. El banquete es servido por 100 camareros coordinados por el mayordomo de Palacio. Los lacayos, con sus trajes rojos y dorados, entregan la comida a los pajes que, vestidos con uniforme azul oscuro, sirven a los invitados.

Una suerte de semáforo ayuda a la perfecta sincronización de esa operación: una luz azul significa permanecer a la espera, una ámbar señala el momento de servir la comida que han preparado unos 20 'chefs'. El menú, escrito en francés, la lengua clásica de la gastronomía, consiste normalmente de cuatro platos, pescado, carne, postre y fruta, aunque hay dietas especiales para vegetarianos. Las sillas son todas iguales salvo la de la Reina, que es la única que tiene reposabrazos.

El salón de baile de Palacio de Buckingham se podrá visitar hasta el 29 de septiembre próximo. El salón, con sus 14 metros de altura, 34 de longitud y 18 de ancho, es el mayor del palacio. Además, como suele ser habitual, el turista puede conocer otras estancias del edificio, como el salón de tronos y la pinacoteca, que incluye cuadros de Vermeer, Rembrandt, Rubens, Canaletto y Holbein, entre otros. La Casa Buckingham, construida en el mismo emplazamiento, fue el hogar de los Duques de Buckingham hasta su compra, en 1762, por Jorge III (1738-1820), quien trasladó allí la corte.