Jueves 08/12/2016. Actualizado 01:00h

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Otras Casas Reales

La Fiscalía rusa anuncia que los peritajes confirman que los huesos hallados en Urales son de los hijos del zar Nicolás II

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Los peritajes realizados en Rusia, Austria y Estados Unidos confirman que los restos óseos hallados el año pasado en los Urales pertenecen, con casi toda seguridad, al zarevich Alexéi y a la gran duquesa María, dos de los hijos de Nicolás II, el último zar de Rusia, asesinado junto a su familia por los bolcheviques en 1918.

Así lo anunció hoy el portavoz del Comité de Investigación de la Fiscalía rusa, Vladímir Markin, quien dijo que estos restos, con gran probabilidad, pertenecen al zarevich Alexéi y a la gran princesa María, aunque la conclusión oficial se anunciará en julio próximo. La Casa Imperial rusa reiteró inmediatamente que reconocerá la autenticidad de esos restos si así lo hace la Iglesia Ortodoxa Rusa, según indicó a la agencia Interfax Alexandr Zakátov, jefe de la cancillería de la Gran Duquesa María Románov, residente en España.

Markin explicó que los estudios forenses, antropológicos, anatómicos y morfológicos establecieron que los huesos encontrados pertenecen a un niño de entre 12 y 14 años y a una joven de entre 17 y 19, cuyos cuerpos fueron incinerados.

Asimismo se realizaron estudios genéticos con participación, además de expertos rusos, de especialistas de la Universidad de Massachusetts, del Laboratorio de ADN del Departamento de Defensa de Estados Unidos y del Instituto de Medicina Forense de Innsbruck (Austria). Concretamente, se hicieron análisis comparativos de ADN de los restos del zar y su esposa, encontrados con anterioridad, y de las osamentas halladas en agosto pasado, dijo Markin a las agencias rusas.

Además, se lleva a cabo un estudio histórico, a cargo de un grupo de expertos encabezado por el director del Archivo Estatal, Serguéi Mironenko, cuyos "materiales confirman la hipótesis de que los restos pertenecen a la familia real", señaló Markin. Precisó que los estudios balísticos del Ministerio del Interior confirman que las balas encontradas en ambas fosas fueron disparadas con las mismas pistolas Browning.

Markin apuntó también que las investigaciones en los archivos permiten descartar con gran probabilidad que los restos de los niños pertenezcan a víctimas de las represiones políticas o de un delito común. Nicolás II, su esposa y sus cinco hijos, entre ellos el príncipe heredero, Alexéi, fueron vilmente ejecutados en un sótano de la casa Ipatiev, en la ciudad de Yekaterimburgo (Urales) el 17 de julio de 1918, y sus restos enterrados en un bosque.

Los restos atribuidos al zar, su esposa y tres de los hijos fueron hallados en 1979, exhumados en 1991 y, una vez identificados, sepultados en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo de San Petersburgo en 1998, en presencia del entonces presidente ruso, Borís Yeltsin, y diversos representantes de casas reales.

Posteriormente, el 23 de agosto pasado, los arqueólogos anunciaron el hallazgo de los probables restos óseos de Alexéi, heredero al trono imperial, y de su hermana María, enterrados asimismo en un bosque cerca de Yekaterimburgo. Además de trozos de hueso de diferentes tamaños, los arqueólogos encontraron dientes, balas de diferente calibre y trozos de cerámica, entre otros objetos.

La clave para localizar el lugar donde los bolcheviques enterraron a los hijos del zar fue la desclasificación de un documento considerado "secreto" hasta hace poco. Se trata de una narración detallada de Yákov Yurovski, quien dirigió el fusilamiento de la familia imperial rusa por orden directa de la dirección bolchevique. Yurovski narra cómo tras varios intentos fallidos de enterrar los cadáveres de los miembros de la familia del zar, los integrantes del pelotón de fusilamiento decidieron rociar con ácido sulfúrico los cuerpos de nueve de ellos.

Esos cuerpos fueron sepultados bajo un puente de madera en una vieja carretera que conducía a la localidad de Koptiakí, mientras los cadáveres de Alexéi y María fueron trasladados a un bosque cercano, incinerados y enterrados. Al enterrarlos por separado, los bolcheviques pretendían que, en caso de ser hallados, nadie vinculara esos restos con los de la familia imperial.

Al tiempo, los estudios iniciales de los restos del zar y sus familiares suscitaron muchos interrogantes, por lo que la Casa Imperial no los reconoció como auténticos, a pesar de que el Kremlin los declaró pertenecientes a la familia real con una probabilidad del 99,99 por ciento. Tampoco reconoció aquellos restos la Iglesia Ortodoxa Rusa, que canonizó en 2000 al zar y a su familia como "mártires del comunismo".

En cambio, el último hallazgo y los resultados de los primeros exámenes han despertado las esperanzas de la Iglesia. "Aún es temprano para hacer conclusiones, pero, si se consigue establecer la autenticidad de esas osamentas, quedará resuelto uno de los principales problemas que impedían que la Iglesia reconociera los restos anteriores", declaró el arcipreste Gueorgui Mitrofánov, miembro de la Comisión sinodal del Patriarcado.