Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:00h

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La princesa Carolina declara ante un tribunal alemán por una condena a su esposo Ernesto Augusto de Hannover

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La princesa Carolina, nacida princesa de Mónaco, ha declarado ante un tribunal alemán de manera discreta y reservada en la revisión de un juicio por el que fue condenado su esposo, el príncipe Ernesto Augusto de Hannover, a una pena de ocho meses de prisión, en régimen de libertad condicional, y al pago de 445.000 euros tras encontrarle culpable de causar lesiones graves al propietario de una discoteca en Kenia.

 

FOTOGRAFÍA: IPAPRESS

Un portavoz de la Audiencia de Hildesheim, al suroeste de Alemania, señaló hoy que la princesa fue interrogada ante el tribunal el sábado pasado, sin la presencia de público y con la asistencia únicamente de los distintos letrados. La Audiencia no quiso dar detalles sobre el desarrollo y contenido de la declaración de la Princesa ante el tribunal, que debe decidir si la solicitud de revisión del juicio anterior es admitida a trámite.

El príncipe Ernesto Augusto solicitó la revisión del juicio por el que la Audiencia de Hannover confirmó en noviembre de 2004 una pena anterior de ocho meses de prisión en régimen de libertad condicional y le condenó al pago de 445.000 euros tras encontrarle culpable de causar lesiones graves al propietario de una discoteca en Kenia cuatro años antes.

La víctima de las iras de Ernesto Augusto de Hannover fue hace ya ocho años el alemán Josef Brunnlehner, propietario de una discoteca en Kenia al que el príncipe dio una paliza acompañado por quince africanos, por lo que tuvo que ser ingresado en un hospital con heridas graves. El marido de Carolina de Mónaco había recurrido a la violencia porque se sentía molesto por el ruido de la discoteca, situada en una isla que está justo enfrente de la de Lamu, donde Ernesto de Hannover tiene una residencia.

El Príncipe, jefe de la casa más antigua de Alemania, cuyos descendientes reinan actualmente en Gran Bretaña, declaró tras los hechos a una emisora de radio del país africano que fue "un placer" apalear a su compatriota.