Martes 21/11/2017. Actualizado 01:00h

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Reino Unido

Londres descubre la pasión por las justas del rey Enrique VIII

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Enrique VIII es recordado por su colección de esposas o la ruptura con la Iglesia católica, pero otras facetas de su personalidad, como su pasión por el deporte de riesgo, apenas han calado en el imaginario colectivo. Para ofrecer una visión completa del polémico Monarca, Londres inauguró ayer una exposición que, bajo el título Enrique VIII: vestido para matar, muestra el profundo interés del Rey por las justas.

La Torre Blanca, edificio principal de la famosa Torre de Londres, es el espacio encargado de acoger hasta el 17 de enero de 2010 la más amplia exhibición de armaduras del Monarca organizada hasta la fecha, con ejemplares traídos desde diversos puntos de la geografía británica y desde ciudades como París, Viena o Nueva York. La elección del escenario no es fortuita: la Torre de Londres ha cumplido, a lo largo de su historia, la función de armería, cárcel para la "clase alta", refugio y centro de ajusticiamientos. Fue allí donde Ana Bolena, segunda de las seis esposas de Enrique VIII y sucesora de la repudiada Catalina de Aragón, fue decapitada un 19 de mayo de 1536, tras ser falsamente acusada de traición, adulterio e incesto por el Monarca. La exposición presenta en su primer tramo al Enrique VIII deportista, con una cintura de apenas 88 centímetros, según se deduce de las armaduras estrechas de principios del siglo XVI que fueron hechas a medida del entonces joven Rey. Armaduras confeccionadas en años posteriores dan cuenta al visitante de cómo el rey de la dinastía de los Tudor ganaba peso y se convertía en el corpulento personaje que reflejan los retratos pintados por Hans Holbein el Joven, amigo personal del Monarca. Hay que recordar que desde los 23 hasta los 48 años la cintura del Rey aumentó más de 40 centímetros. Todas las armaduras acumuladas por Enrique VIII a lo largo de sus 56 años de vida respondían a un mismo fin: saciar el egocentrismo del Monarca y darle protección en la práctica de su deporte preferido, las justas. La participación del Rey en estos enfrentamientos a caballo tuvo un final trágico en 1536, cuando fue herido de gravedad en medio de una pelea.

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