Viernes 20/10/2017. Actualizado 20:34h

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La voz del lector

Dios salve a Letizia

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A Letizia se le ha cuestionado todo, desde “extremada delgadez”, hasta como ha vestido en numerosas ocasiones, el que mandara callar al Príncipe, en la rueda de prensa posterior a la petición de mano, como si a nadie nos hubiera mandado callar de esa manera nuestra esposa o novia en este país, y a la inversa.

No hace muchos años de esto, siempre a la hora de comer, todos los hombres de este País, se quedaban boquiabiertos, por la hermosura, frescura y profesionalidad que veíamos en aquella joven que aparecía en las pantallas de nuestros televisores, explicándonos temas relativos al euro, y después dándonos las noticias de las tres.

A veces parecía que las noticias las daba un ángel, si no fuera porque como tales eran casi siempre noticias malas, que es lo que suele ser noticia, guerras catástrofes marinas y cosas por el estilo.

Luego la historia, nos vino a presentar a la que sería la novia de S.A.R. el Príncipe de Asturias, con el que se casaría poco más tarde.

Y la información sobre ella, empezó a caer en manos de todo el mundo y todo el mundo opinaba, todo el mundo cuestionó, algo muy importante, la libertad de una mujer mayor de edad, libre e independiente, de unir su destino a quien mejor le pareciera, aun que ese hombre llegara a ser un día el mismísimo Rey de España, todo el mundo cuestionaba, la decisión del Príncipe, por escoger por esposa a una plebeya, (manda narices), ¿plebeya?, ya quisiera yo haber sido de plebeyo como ella, con un fututo prometedor, fruto de su esfuerzo e inteligencia. Ella, Letizia, tenía ya a sus 31 años, la vida regalada, la chica del piso de Moratalaz, tenía una carrera, por delante, una vida profesional, como pocas mujeres y hombres podrían soñar, del estilo de otras grandes profesionales, que todos conocemos y yo las recuerdo en la pantalla desde que era niño.

Pero poco imaginaba Letizia que en este país, que es muy democrático, se cuestiona todo, todo, incluso, la corona e incluso al mismísimo Dios. Comentarios se han oído por toda España, que si se hubieran vertido hace ciento cincuenta años, hubieran supuesto la imputación de un delito de lesa majestad.

Que si está separada, que si está delgada, que si “a saber”, llegando el sumun para mí cuando un paisano, en tierras de la mancha, una vez entablada conversación amigable, el día de la Real Boda entre Leticia y el Príncipe de Asturias, comentó: ¡y éste!, toda la vida preparándose para ser rey y ahora se casa con una plebeya, con una cualquiera”, mi réplica no se hizo esperar, contestándole al paisano, que tanto el Príncipe como ella se casaban porque querían, y porque se querían, que para plebeyos y cualquieras habíamos muchos en este país.

A Letizia se le ha cuestionado todo, desde “extremada delgadez”, hasta como ha vestido en numerosas ocasiones, el que mandara callar al Príncipe, en la rueda de prensa posterior a la petición de mano, como si a nadie nos hubiera mandado callar de esa manera nuestra esposa o novia en este país, y a la inversa. Con aquello demostró a mi entender dos cosas, su pasión, por hablar, por contar cosas, por un lado, y la afinidad con el Príncipe y su pasión por la relación que a Él le unía, y quizás otra cosa, pero no por eso dejé de parecerme a mí como creo que a todo el mundo un detalle simpático, su desconocimiento del protocolo entonces, pero en definitiva el gesto fue aprobado por el Príncipe con una carcajada.

Ahora ya se meten incluso con su nariz, que si se la operado, que si con el dinero de todos, ¡pero a donde vamos a llegar! Habrá hecho esta señora lo que le haya dado la “Real” gana, que para ello tiene dos cosas la libertad de hacerlo, y en cuanto a la financiación para ello supongo que podría hacerlo, de los presupuestos asignados que tenga el Príncipe de Asturias.

Como decía aquí por cuestionar que no quede, hasta lo más sagrado, nuestros ancestros, pero no olvidéis Leticia, que este es el País de la envidia, por eso eres criticada, por cumplir el cuento que muchas hubieran querido tener, y así lo reconocieron cuando salieron corriendo a las salas de cine para ver a Julia Roberts, y por otro lado estamos los que envidiamos de alguna manera y en mayor o menor medida al Príncipe, por haber conseguido tener a su lado a una mujer “de cine”, inteligente, hermosa, de su tiempo, que a todos nos tenia encandilados hasta que la bruja nos hizo comer de la manzana de la de la envidia, sobre todo el día que te vimos en la boda real Danesa, recién salida de un cuadro, hermosa y elegante como nunca, preciosa en tu elegancia y en tu porte, feliz en la compañía del hombre que amabas del brazo con su uniforme de marinero en gala.

Sé que Leticia, eligió, una vida regia, se que apostó por el amor que sentía y por ser un amor regio, tendría que renunciar a muchas cosas, a muchas libertades que los demás tenemos, renunciando a su prometedora carrera profesional, a su independencia de vivir donde le pareciera, y frecuentar amigos y lugares, ahora su vida es distinta, ha tenido que aprender modos y maneras nuevas, protocolo, ahora ya no se expresa tanto con las manos como solía hacer, y por cierto que lo hacía muy bien, pero Leticia sigue siendo ahora una hermosa mujer, y encima la Princesa de Asturias, la que está llamada a ser Reina Consorte de España, no cuestiono ni en pro ni en contra, a la mujer en el marco institucional, defiendo a la mujer, y defiendo al hombre que está con ella.

Declaro mi lealtad más absoluta a que Leticia haga de su vida, lo que haya querido, y quiera, ahora y siempre, su comportamiento desde que es la Princesa es intachable queramos que no, mejor no podría haberlo hecho nadie, y reconozco, en ese comportamiento, una buena enseñanza y cercana, que la ha ido puliendo en lo necesario para estar a la altura institucional que se requiere de ella.

Pero en lo personal ¡sobresaliente! Y matrícula de honor cum laude, miss belleza y elegancia, dama de honor de la dulzura y del saber estar, y no ganarás nunca posiblemente el Nobel de Literatura porque no concurrirás a él, porque trazas e inteligencia para manejar las letras, ya has demostrado, muy por encima de muchos, muy por encima de mí también.

Tienes un enemigo en este reino, y no son los abanderados de la república ni los antimonárquicos, es la envidia, si no andas con cuidado, no te perdonarán nunca haber cumplido el cuento que todas tenían.

Sigue adelante, ejerce tus funciones, lo mejor que Dios te dé a entender, pero sobre todo, sé feliz, ama y se amada, como quieras, vive, tu maternidad y prepara a Leonor para cuando le toque a ella, y la pequeña para sus responsabilidades futuras, se una buena madre para ellas, lo tendrás fácil, seguro, y no mires a los lados, ni atrás cuando oigas críticas que no sean las debidas, las que vayan solo a lacerar y minar tu persona, vive y se feliz, y haz feliz al Príncipe, para que tengamos un buen Rey, un Rey Feliz, y que dejen en paz tu delgadez y tu “real” nariz, que te dejen vivir en paz.

Dios te guarde Letizia.

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