Domingo 22/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

El rey no se cuida

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El rey no tiene cuidado. Y eso no es bueno. Ni para él, ni para la institución, ni para este país llamado España.

Y tendría que hacerlo. Por su salud, por su imagen y la de la Corona, y por su hijo y heredero.

A los 74 años, habiendo sufrido varias intervenciones serias, seguramente ya no está para practicar la caza mayor. Sus movimientos son limitados, como se ve últimamente en las imágenes de televisión, y debería comportarse en consecuencia.

En cuanto a la imagen, don Juan Carlos tiene que adaptar sus hábitos a la nueva circunstancia de España, que cabe resumir diciendo que se han acabado los tiempos en que lo relacionado con la Casa y la Familia Real se callaba. Eso ha terminado.

Ahora, al contrario, todo se sabe, se cuenta. Y se va a contar. Y el rey no puede cerrar los ojos: debería no olvidarlo en ningún momento.

Además, tal como está el país, con más cinco millones de parados, y con muchos más millones a quienes apenas llega para vivir, irse a Botsuana a cazar elefantes, con presupuestos de entre 30.000 y 70.000 euros para esa actividad, no es la mejor idea del mundo.

Al contrario, constituye una torpeza evidente, porque los ciudadanos pueden percibirlo como un insulto. Y algo de eso está ocurriendo de hecho.

La Corona afronta suficientes problemas de aceptación popular, cada día más evidentes, como para añadir episodios como el sufrido ahora.

Y el rey ha de tener más cuidado... pensando en su hijo. Debería ser una prioridad tomar las garantías máximas para una sucesión tranquila y segura. Lo cual pasa por no dilapidar ni un gramo más de la herencia que va a recibir el príncipe Felipe.

Algunos analistas afirman que ya, a los 74 años, don Juan Carlos no va a cambiar: no va a dejar de hacer lo que siempre ha hecho. Incluso apuntan que él no está dispuesto a ello, que se pone el mundo por montera.

Si eso fuera verdad, habría llegado el momento de aconsejarle que dejara el trono, precisamente para que esos viejos esquemas de vida no castiguen a la monarquía más de lo que ya lo están haciendo.

Y también habría que plantearle la renuncia apelando a su patriotismo y amor a España, que son indiscutibles. Este país no se merece que nadie le coloque en el grave atolladero de tener que revisar la forma de Estado. Le desafían otros problemas mucho más urgentes e importantes, como para distracciones semejantes.

Por eso decía que no es bueno para España que el rey no se cuide.

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