Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Algo se está moviendo en el Palacio de La Zarzuela

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Una de las novedades es que los príncipes de Asturias han sido esta semana, por vez primera, anfitriones de una visita oficial como la de los príncipes de Gales, periplo, por cierto, que está mereciendo extraordinaria atención de los medios. No obstante, tiene cierta lógica protocolaria que, al tratarse del heredero de la Corona británica, quien le cumplimentara fuera el heredero de la española. Las relaciones entre las dos familias reales más importantes de Europa han sido siempre cordiales y de fondo, con pequeñas excepciones, como la negativa de don Juan Carlos y doña Sofía a asistir a la boda de Carlos y Diana Spencer porque el viaje de novios comenzaba en Gibraltar.

De Gibraltar habló don Felipe, en la cena de gala del Palacio Real, abordando así una cuestión que siempre está pesando en las relaciones con Inglaterra, y que, seguramente con el visto bueno del Gobierno, no pudo menos de plantear el heredero. Si bien, lógicamente, porque ésa es la dinámica acostumbrada para este tipo de visitas, Carlos de Gales estaba al tanto de que tal mención iba a producirse. Son cosas que se negocian de antemano.

El príncipe, por cierto, ya presidió una cena de Estado cuando su padre se encontraba convaleciente de la operación de pulmón. Pero entonces iba de ‘suplente’ y ahora lo ha hecho, por así decirlo, como ‘titular’

Para esta visita se anunció que el procedimiento iba a sufrir algunas novedades, porque, al ser ellos los anfitriones, los príncipes de Asturias querían imponer su ‘estilo’. Al menos lo hicieron a la hora de los saludos de protocolo en el Palacio Real.

Lo cierto es que, poco a poco, tal como se apuntó desde ámbitos de la Casa, el príncipe va asumiendo un rol más intenso en lo que se refiere a presencia pública. Es uno de los movimientos en marcha. Al mismo tiempo que se retrae un tanto su padre, el rey.

Los viajes de doña Sofía

Dentro del capítulo de las novedades hay que ubicar también la sorprendente actividad externa que viene desarrollando la reina, que parece haberse liberado de alguna atadura para moverse ahora con una soltura extraordinaria.

Doña Sofía viene protagonizando un programa de bastante intensidad, con actos números dentro de España, pero igualmente con desplazamientos y viajes, como los últimos por Hispanoamérica, pero también el que acaba de realizar a Grecia con motivo de la conmemoración de la presencia catalana en aquellas tierras, y en el que ha estado acompañada por su hermana, la princesa Irene.

Por así decirlo, la reina para muy poco últimamente en su residencia familiar de La Zarzuela, donde ya sólo vive el real matrimonio.

Una cena sorprendente

Y como novedad hay que entender la insólita, por desacostumbrada, cena a solas celebrada por don Juan Carlos con sus tres hijos, el príncipe Felipe y las infantas Elena y Cristina, en “El Landó”, un restaurante típico de Madrid. Es el tipo de establecimientos que gusta al monarca.

Lo significativo es que en ese cónclave familiar de alto nivel no estuvieran presentes, ni la reina doña Sofía, que, en efecto, se encontraba en Grecia, ni tampoco doña Letizia, que se quedó en su residencia del complejo de La Zarzuela.

Esa reunión del padre con los tres vástagos ha sido algo más que un pasar el rato juntos. Posiblemente el ‘patrón’, como en familia suelen llamar a don Juan Carlos sus hijos, tenía cuestiones sustanciales que abordar con ellos. Una de ellas, las propias relaciones entre los tres.

Si se repasa la agenda pendiente, no sólo aparece la inquietud pública por el estado del rey, sino también asuntos matrimoniales pendientes. Desde luego, el que se refiere a la situación de doña Elena y su divorcio. Eso, como poco. ¿Otras situaciones matrimoniales? Podría ser.

Sin descartar que abordaran, en el cerrado ámbito íntimo de padre e hijos, el cuándo, cómo y por qué de ese relevo en la Jefatura del Estado que, según doña Sofía, tendrá que ser por la vía natural porque el rey no piensa abdicar.

Cambios en el equipo

Y, si de movimientos se trata, alguna vez tendrá que producirse el cambio en la jefatura de la Casa del Rey, en la que Alberto Aza, de 74 años (uno más que el rey, por cierto), está a punto de cumplir los diez años en el cargo (fue nombrado en 2002), y esa cota más o menos es la que cubrió su antecesor, Fernando Almansa.

Aunque de lo que se ha hablado últimamente ha sido de cambio en la secretaría general, que ostenta Ricardo Díaz Hochleitner.

Lo que es seguro es que, si se produce algún movimiento en la cúpula de la Casa del Rey, en las designaciones que se produzcan pesará, y mucho, la opinión del futuro rey, de Felipe de Borbón. Porque le van a afectar cada vez más directamente

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