Martes 24/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

El marido de la reina

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Beatriz de Holanda acaba de anunciar que deja el trono en manos de su hijo Guillermo, y lo hace en un momento en que la monarquía merece en el país un notable apoyo popular. Esa realidad, el respaldo que recibe la institución, no siempre ha ocurrido. Al contrario, en las últimas décadas ha sufrido episodios muy graves, de los que sin embargo ha ido saliendo adelante.

Entre esos problemas hay que citar, por ejemplo, la decisión del heredero de casarse por encima de todo con la argentina Máxima Zorreguieta, hija de un ex ministro de la dictadura argentina. Guillermo se impuso frente a cualquier dificultad. La apuesta ha salido bien, porque la princesa se ha ganado al pueblo con su acierto y simpatía.

Otra de las crisis afectó nada menos que al esposo de la reina, el príncipe Klaus. También Beatriz impuso su voluntad para casarse con él, a pesar de su origen alemán, pero sobre todo de su pasado nazi, al haber militado en las juventudes hitlerianas. Una sombra que empañó durante muchos años la tranquilidad del matrimonio.

Pero el affaire más grave afectó al padre de Beatriz, es decir, al marido de la reina Juliana. El príncipe Bernardo, también alemán y a su vez vinculado en la juventud a organizaciones nazis, protagonizó un sonado escándalo cuando en 1976 se descubrió que había aceptado un soborno de un millón de dólares americanos de la empresa Lockheed para que influyera en el gobierno holandés en la compra de varios aviones de combate F-104.

Viene este repaso a cuento de que las monarquías han demostrado una especial capacidad de sobreponerse a las catástrofes. Lo mismo está ocurriendo con la británica, que ahora ha alcanzado el apoyo del 80% de los ciudadanos, a pesar de las graves turbulencias del reciente pasado.

Aquí, en España, la monarquía se ve azotada, entre otras cosas por las consecuencias del escándalo Urdangarín. Siendo, como es, un asunto grave, y aun muy grave, me parece que está algo lejos de lo que ocurrió en su día en Holanda. Porque allí, nada menos que el marido de la reina fue pillado llevándose dinero al bolsillo procedente de sobornos. Y, sin embargo, a día de hoy Beatriz se retira casi en loor de multitudes.

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