Martes 24/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Los dineros de Corinna zu Sayn-Wittgenstein

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La sorprendente, incluso espectacular, irrupción mediática de Corinna zu Sayn-Wittgenstein, con sus amplias declaraciones a El Mundo y Hola, no tiene todavía una explicación definitiva.

Como ya hemos comentado, se han escuchado opiniones que hablan de reacción de despecho por su parte tras una desairada salida de España, otros hablan incluso de venganza. Hay teorías en la línea de que concedió esas declaraciones a cambio de silenciar revelaciones comprometedoras para ella que podían poseer determinados medios, que así las habrían callado. No falta quien apunta que trata de protegerse... de no se sabe qué.

Dada su personalidad y trayectoria, incluso su edad ya no joven, no parece que se trate de persona que se deje llevar por arrebatos, como el enfado o la venganza, que resultan escasamente productivos. Ni tampoco que se deje amilanar así como así.

Quizá la explicación más elemental y primaria de esa ofensiva publicitaria puede tener que ver con los dineros.

Por supuesto, dineros vinculados a la información que haya podido acumular a propósito de las pretendidas mediaciones suyas en grandes negocios internacionales, en las que habría puesto en juego, entre otras armas, sus relaciones y buenos contactos.

Si, en efecto, Corinna ha intermediado, como parece, en determinados contratos, incluso durante años, no hay que descartar que posea informaciones, y hasta papeles, sobre cómo, quiénes y por cuánto se consiguieron. Y, por supuesto, sobre quién recibió comisiones, a cambio de qué y por cuánto dinero. O sea, asuntos de dinero.

Y no está de más recordar que los escándalos económicos resultan especialmente reprobados y castigados por los ciudadanos en este país. Quienes aparecen involucrados en tejemanejes semejantes, sean quienes sean, se ganan un rotundo rechazo social. Muy por encima, sin duda, de cualquier hipotética aventura de alcoba.

En ese supuesto, la todavía princesa alemana, amiga entrañable del rey como ella misma se denomina, manejaría documentación muy comprometedora. Que por eso valdría mucho dinero.

Así que, en mi opinión, lo que Corinna puede buscar es dinero. Que le paguen por su silencio sobre esos negocios que conoce y, más aún, sobre las personas implicadas. Mucho más si se trata de personalidades muy relevantes.

Y es que, una vez que el escándalo de sus manejos ha saltado a los medios, ella ha quedado excluida definitivamente como discreta intermediaria: pierde cualquier posibilidad de que le llamen. No podrá, por tanto, percibir nuevas comisiones, con lo que ya no encontrará tan fácil garantizar su espléndido ritmo de vida. Necesita, en fin, remediar ese problema. Y, a ser posible, para siempre. Lo cual pasa por recibir el dinero necesario que lo garantice.

Otras personas, en circunstancias con cierto paralelismo, han practicado antes ese deporte con éxito en España y han lucrado un subsidio de por vida. Así que...

La ventaja de una hipótesis semejante es que, si sólo se trata de una demanda de dinero, aunque se trate de grandes cantidades, el problema no resulta tan grave. Porque, dicho cínicamente, la solución es muy sencilla: pagar y ya está. Como se ha hecho otras veces. Y se ha demostrado que funciona.

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