Jueves 23/11/2017. Actualizado 12:23h

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Tribuna Libre

La boda de Victoria de Suecia

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Desde aquí  aplaudo la decisión de don Juan Carlos de mantenerse en su línea, ahora más que nunca, y no acudir a la boda de Estocolmo.

La Casa de Su Majestad el Rey confirmó la semana pasada los nombres de los miembros de la Familia Real que asistirán al enlace de la Princesa Victoria de Suecia con Daniel Westling el próximo sábado 19 de junio en Estocolmo. Irá la familia casi al completo: la reina Doña Sofía, los Príncipes de Asturias, la Infanta Elena y los Duques de Palma. Todos menos el Rey. La justificación es que don Juan Carlos aún se recupera de su operación de pulmón, pero la verdad es que nuestro Rey no es un asiduo a este tipo de fiestas. Sólo hay que echar la vista atrás para comprobarlo. En los últimos días  hemos visto a doña  Sofía y al Príncipe a su llegada a la fiesta de cumpleaños de su hermano y tío, Constantino de Grecia. Una imagen que me trae a la cabeza otra: la de madre e hijo llegando a la boda de los príncipes herederos noruegos, Haakon y Mette-Marit. Enlace aquel que pasará a la historia por la sorpresa que tenía el pastel: la presencia de Eva Sannum en la ceremonia. En España aquello nos interesó más que las propias nupcias. También acudieron del brazo madre e hijo al enlace de los futuros reyes de los Paises Bajos, Máxima Zorreguieta y Guillermo de Holanda. En la boda del príncipe Federico de Dinamarca y Mary Donaldson entró en escena Letizia y la Reina se quedó sin acompañante.

Es cierto que nuestra Familia Real suele ser discreta a la hora de acudir a grandes fiestas. También a la hora de organizarlas. El Rey suele celebrar sus cumpleaños en la intimidad, y en 2008 cuando cumplía 70 años, la celebración en el Palacio del Pardo fue un acto más bien institucional. No hubo representación de otras casas reales, los invitados representaban la vida política española de las últimas décadas. Nada que ver con las celebraciones del setenta aniversario de la Reina Margarita de Dinamarca: fuegos artificiales, desfiles, banquetes, conciertos... a los que acudieron Reyes, Reinas y Príncipes de toda Europa.

Desde aquí  aplaudo la decisión de don Juan Carlos de mantenerse en su línea, ahora más que nunca, y no acudir a la boda de Estocolmo. Cierto es que la familia del Rey Gustavo se desplazó al completo a España con motivo del enlace del Príncipe Felipe, pero aquellos eran otros tiempos. Quizás algún otro miembro de la Familia debería haber hecho lo mismo que don Juan Carlos. Me parece excesiva la representación española y seguramente habría sido muy pedagógica una representación más discreta. Un mensaje que no se ha querido transmitir. Otra ocasión perdida.

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