Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

José Apezarena

El “alma republicana” del PSOE

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No son pocos los dirigentes y militantes destacados del PSOE que aluden estos días a lo que vienen en llamar “alma republicana” del partido.

Quieren decir con ello que dicha formación política es básica y globalmente partidaria de la república, y que forma parte de su esencia básica. Que es algo constitutivo, y por tanto irrenunciable, a pesar de que ahora, de forma coyuntural ‘toleren’ y hasta apoyen la existencia de una monarquía en España.

Sin embargo, no todos los miembros del PSOE sostienen tales planteamientos. Recuerdo con nitidez una conversación que mantuve hace años con un destacado dirigente a propósito de la monarquía, en la que afirmaba con fuerza: “Cuando, en el pasado, los socialistas decíamos república, queríamos decir democracia”.

Añadía que la monarquía del siglo XIX no había apostado precisamente por las virtudes democráticas, y tampoco por el pueblo.

Hace muy pocos días, Felipe González, manifestaba, durante una entrevista de radio que, respecto a la forma de estado, el PSOE fue en realidad “accidentalista”. O sea, que la configuración de España como monarquía o como república no era cuestión fundamental, porque lo que buscaban y por lo que luchaban era por la democracia. Y que, si se veía garantizada por la monarquía, les bastaba.

Otra cosa es que una parte de los abuelos y padres de los actuales dirigentes y militantes socialistas lucharan en su día en el bando perdedor, en el bando republicano. Y casi puede entenderse que en el trasfondo de algunas movilizaciones exista un cierto deseo de revancha por aquella amarga derrota. Puede entenderse que se busque voltear ahora un veredicto histórico que consideran negativo.

Lo que pasa es que estos tiempos no son aquellos, y que esta monarquía no sigue los pasos de sus antecedentes del siglo pasado. Que con esta monarquía la democracia existente en España es tan presentable, o más, que lo que puedan ofrecer países aparentemente más avanzados.

Respetando sentimientos y nostalgias, seguramente hoy el problema no es tener una u otra “alma” sino que puede reducirse a una cuestión de pragmatismo. Y, frente a ensueños pasados, a ver y valorar la realidad de lo que aquí tenemos.

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