Jueves 19/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

El Rey Simeón II de los Búlgaros y su calvario

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La decisión de gobierno búlgaro de intentar no devolver a Simeón II y su familia los bienes que legítimamente les pertenecen y arbitrariamente les fueron requisados es verdaderamente indignante. Pero parece que ciertos búlgaros no son capaces de desprenderse de ciertos atavismos que les llevan a aprehender lo que no es suyo o a incordiar a todo aquel que lleve o haya llevado corona.

Hace unos años, mi tío José Cabieses y García-Seminario que tuvo la fortuna de tratar a menudo en Madrid a S.M., el Rey Simeón II de los Búlgaros y a su madre, S.M. la Reina Juana, nacida princesa de Saboya, recibió una cariñosa postal del monarca, con una foto del palacio de Vrana, en la que le decía: “por fin en casa”. Y es que en efecto, tras muchos años de exilio, tras décadas de injusta lejanía de su patria, el rey búlgaro había podido regresar a Sofia. Con el tiempo llegaría a ser Primer Ministro de Bulgaria tras ganar las elecciones en 2001 y hasta 2005.

Ahora, Simeón II ha demandado -con toda razón- al Estado búlgaro ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo por impedirle disponer del patrimonio que le fue legalmente restituido. Entre las propiedades en litigio se encuentran más de 1.650 hectáreas de bosques y tierras, casas de campo y tres castillos, entre ellos el citado palacio de Vrana, cerca de Sofia, todos ellos nacionalizados por el régimen comunista tras llegar al poder en 1946 y que cayó en 1989. Nueve años más tarde, por una sentencia del Tribunal Constitucional, Simeón y su hermana la princesa María Luisa de Bulgaria vieron restituidos sus bienes por entender que tal nacionalización había violado las constituciones de 1947 y 1989.

Este incalificable ataque al monarca búlgaro fue iniciado por Ivan Kostov, ex primer ministro conservador (1997-2001) y actual socio del gobernante partido de centroderecha GERB, que se contó entre quienes alentaron a Simeón a regresar a su país de su exilio en Madrid y le prometieron poder recuperar sus bienes. A finales de 2009 el parlamento de Bulgaria votó congelar la devolución y el uso de las tierras y bosques propiedad de Simeón y su familia hasta que no se promulgaran leyes específicas sobre el asunto. Por supuesto, de esas leyes no se sabe nada aún. Al mismo tiempo, el gobierno búlgaro –en el poder desde hace un año- está estudiando cómo hacer que esas tierras e inmuebles del rey vuelvan al patrimonio del Estado y para ello no escatima esfuerzos: ha contratado tres bufetes de abogados.

Podría decir que este hecho me sorprende pero no es así. Esos ramalazos confiscatorios, nacionalizadores y revanchistas son propios de políticos resentidos que no han olvidado las costumbres requisatorias de sus antecesores comunistas, a pesar de que ahora se cubran con la piel de “conservadores”. Parece que la sustracción de bienes por parte de un Estado a un particular no pudiera denominarse robo aunque tengo serias dudas de que sea así.

¿Por qué les molesta tanto que quien es nieto del rey Fernando I, que salvó a la monarquía tras la gran Guerra e hizo grande a la Bulgaria moderna, y que es hijo de Boris III, el Zar Pacificador, muerto en extrañas circunstancias tras negarse a entregar a los judíos a las autoridades nazis, recupere y disfrute lo que durante más de 65 años no ha podido gozar? Esta desgracia es la que tienen que soportar muchas otras familias reales exiliadas o destronadas: los Habsburgo en Austria, los Saboya en Italia, y muchos otros, por no hablar de muchas otras familias de la nobleza centroeuropea que perdieron sus bienes a raíz de las revoluciones comunistas. ¡Qué fea es la venganza! Y qué vulgar...

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