Jueves 19/10/2017. Actualizado 18:50h

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Tribuna Libre

¡Papá, yo no quiero ser rey!

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Creo que lo he referido en alguna ocasión. Los jefes de la casas reales reinantes en Europa celebran cada año una discreta reunión en la cumbre para analizar problemas comunes, intercambiar experiencias y atisbar el futuro.

Una de ellas correspondió convocarla en España, y el anfitrión fue el entonces jefe de la Casa del Rey, con el que pude charlar para que me contara algunos detalles de lo que habían hablado.

Según relató, una de las cuestiones que abordaron se centraba en cuál puede ser hoy la principal amenaza para las monarquías. Y la conclusión resultó enormemente paradójica. Según los principales asesores de las familias reinantes, el mayor peligro para las monarquías está en... los príncipes herederos.

De acuerdo con su argumentación, los reyes eligen ahora para sus hijos una educación 'normal': en centros normales, donde viven y conviven con muchachos y muchachas normales, con los que se relacionan y hacen amistad. Por ello, los vástagos de los reyes pueden llegar a creer que ellos son también 'normales', que son como los demás. Pero no lo son.

Los jefes de casas reales llegaron a la conclusión de que, aparte de otros problemas de comportamiento (algunos sucesos recientes en la casa real británica servirían de ejemplo), esa educación 'normal' podría conducir a que un día el heredero dijera a su padre: "¡Papa, yo no quiero ser rey! Quiero ser médico, o abogado".

No sé si algo así llegará a ocurrir, en efecto, en las casas reales reinantes en Europa, pero tengo la convicción de que no sucederá hoy por hoy en España, entre otras cosas porque la educación del príncipe Felipe no ha seguido exactamente los parámetros de sus colegas herederos en otros países, y porque lo que ha visto y escuchado en su propia casa resulta bien distinto.

Aquí, la monarquía es demasiado reciente, costó mucho implantarla, y los hijos de los reyes han presenciado en primera línea lo que ha supuesto sostenerla hasta hoy, con un golpe de Estado por medio entre otras incidencias.

El problema podría plantearse con la siguiente generación, con la infanta Leonor. Por eso, pienso que el reto más claro que ha de afrontar el príncipe Felipe, y con él la princesa Letizia, es precisamente una adecuada preparación de sus hijas para el futuro. ¡Ahí es nada!

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