Jueves 23/11/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Masako, Laporta y Prim

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No mires a la corona, sino a la tempestad de cuidados que la acompaña; no pongas los ojos en la púrpura, sino en el ánimo del mismo rey, que está más triste y cárdeno que la misma púrpura.

Catalanes Las noticias que está sacando Monarquía Confidencial sobre la venta de Cuba en tiempos de Isabel II nos hacen volver los ojos al general Prim. Confieso sentir un punto de maravilla al leer una actualidad tan galdosiana: a uno nada le puede gustar más que el XIX español. En todo caso, la atención a Prim nos hace pensar en otro catalán relevante de nuestros días, no ya republicano sino independentista fervoroso, Joan Laporta. Laporta no se ha cansado de bromear –con su facundia característica- a propósito de que podría ser el “primer presidente catalán de España”. Uno se lo ha oído al menos dos veces, cuando, que recuerde, han sido presidentes catalanes Estanislao Figueras, Pi y Margall y el propio Prim. Llama la atención que no se lo hayan recordado.

Masako La historia del acoso escolar a la princesa Aiko –una niña que no llega a los diez años- nos hace pensar en su madre, la tristísima princesa Masako, hecha del caolín más quebradizo. Sólo verla y pensar en su historial de sufrimientos sin nombre –su vientre yermo para alumbrar un varón, una depresión siempre pungente- parece hacérnosla alguien mucho más digno de amor que una petarda como Mette-Marit.

Vieja sabiduría “No mires a la corona, sino a la tempestad de cuidados que la acompaña; no pongas los ojos en la púrpura, sino en el ánimo del mismo rey, que está más triste y cárdeno que la misma púrpura: no tanto ciñe la diadema a su cabeza cuanto la solicitud y sobresalto rodean a su alma. No mires al escuadrón de su guarda cuanto al ejército de molestias que se siguen, porque no podrá hallar alguna casa particular tan llena de cuidados como lo están los palacios reales. Cada día esperan, no una muerte, sino muertes, y no se puede decir cuántas veces de noche se les sobresalta el corazón (...) El que ahora reina, ¿por ventura después que fue coronado no ha padecido muchos trabajos, peligros, tristezas y asechanzas?” El padre Juan Eusebio Nieremberg, SJ, citando al Crisóstomo en su libro “De la diferencia entre lo temporal y lo eterno”.

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