Sábado 16/12/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Don Juan Carlos I y Hugo Chávez: para que luego digan…

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¡Lo que hay que hacer para servir a España! Eso debe haber pensado Su Majestad el Rey al tener que recibir al presidente venezolano Hugo Chávez con la más amplia de las sonrisas diplomáticas, aguantando sus bromitas y tolerando que semejante personaje cambie a su antojo las agendas de personas serias. En fin… esclavitudes de la alta política. ¡Cómo para envidiar el puesto de monarca constitucional!

Existe la idea bastante generalizada de que los reyes y príncipes llevan en general una vida regalada y fácil, recibiendo enormes sumas de dinero a cambio de poco esfuerzo y de –a veces- discutibles méritos para estar donde están. Esta –a mi juicio- errónea concepción del papel de la realeza en el mundo moderno, fruto generalmente de la ignorancia de la labor callada que un monarca constitucional realiza, entra en claro conflicto con la realidad, que la desmiente una y otra vez, a pesar de que muchos no caigan en la cuenta pues no hay mayor ciego que el que no quiere ver.

Por si alguno tuviera duda de que el Rey Don Juan Carlos I se gana muy bien su sueldo, tenemos el ejemplo reciente de la visita del indeseable e histriónico presidente Chávez a Su Majestad. Estas esclavitudes de la alta política, estos tragos amargos –que deben ser pasados con la mejor de las sonrisas diplomáticas- justifican de sobra el papel del Rey y prueban su inconmensurable mérito al aguantar las bromitas del bravucón que la hermosa Venezuela tiene por presidente. ¡Vaya si tiene mérito recibir con cara amable a semejante personaje! Y todo por el bien de España.

El presidente Chávez, al que le traen sin cuidado las convenciones sociales y diplomáticas, sabe muy bien que su país tiene buenas reservas de gas y petróleo y hace valer ese poder económico que tan poco beneficia a sus compatriotas, muchos de los cuales han tenido y tienen que emigrar. Ha hecho todo lo posible para perpetuarse en el poder y seguir coartando la libertad de su propio pueblo y es persona al que nadie bien educado quisiera sentar a su mesa.

Pero, ahí tienen ustedes a Su Majestad el Rey tragando carros y carretas, tolerando que se le compare –aunque sea sólo por la barba- con el dictador Fidel Castro, y sellando una reconciliación forzada y ya prologada en la anterior visita del venezolano al Rey en el palacio de Marivent en julio de 2008. Chávez, que utiliza los medios de comunicación públicos venezolanos ad maiorem gloriam suam, está encantado de que se le fotografíe al lado de alguien que podría darle muchas lecciones de tolerancia, mano izquierda y savoir faire por no hablar de buenas maneras. Y no olvido el “¿Por qué no te callas?”, que muchos pensaban decirle pero sólo alguien con el peso y crédito internacional que tiene el Rey de España podía espetarle en plena Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile. Dicen que el roce con los grandes mejora a los pequeños. ¡A ver si se le pega algo al venezolano!... ¡Qué vana esperanza! ¿Verdad?

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