Lunes 23/07/2018. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Apoyo Real a nuestros deportistas

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Que nervios pasé viendo la final del mundial de Sudáfrica, no sabía de que oráculo fiarme. El pulpo Paul, que hasta entonces no había fallado daba la victoria a nuestra selección, pero en el Palco estaban los Príncipes de Asturias. La esperanza que me daba el cefalópodo se iba cuando las cámaras enfocaban a la zona VIP. No quiero atribuirles a Don Felipe y a Doña Letizia el calificativo de gafes, sólo recordar que en el primer y último partido en el que ellos estuvieron presentes el conjunto nacional perdió contra Suiza. Esto me tuvo inquieto.

Tras la única derrota de los españoles la Casa Real desapareció del mundial. Las mayoría de sus miembros viajaban a Suecia con motivo del enlace de la princesa heredera  y en Sudáfrica el conjunto nacional comenzaba a acumular éxitos. Algo me sorprendió. No fueron las victorias, sino las ausencias.  La familia real siempre ha sido un talismán para nuestros deportistas, siempre ha estado presente en momentos en los que España se jugaba la gloria. No estaban en el mundial y tampoco estaban en Wimbledon. Rafa Nadal se proclamaba de nuevo campeón de este torneo sin presencia Real. Antes, en semifinales, si estuvo la Reina. Después la Casa de su Majestad el Rey ha hecho saber que el Monarca recibirá al tenista para compensar esa ausencia.

En la copa del mundo la selección continuaba subiendo escalones y por fin apareció la Reina. Doña Sofía llegaba al país africano la víspera de la semifinal. ¡Y qué suerte dio la reina!, ¡Y cómo celebro la reina el gol de Puyol!. A mi al igual que a millones de españoles nos gustó ver a Doña Sofía vibrar en el palco como 46 millones de personas lo hacían en España. Estoy seguro que más le gustó a los jugadores contar con su apoyo. Hemos visto en el vestuario a una Doña Sofía eufórica, trasmitiéndole a esos chicos el apoyo y el agradecimiento de todo un país. Viendo esas imágenes me acordaba de una dicho del XIX. Entonces  en España sólo existían dos circunstancias ante las cuales se debía inclinar la cabeza: ante la presencia de la Reina Regente, María Cristina de Habsburgo y ante el santísimo Sacramento. Ahora yo me quitaba el sombrero ante esos chicos victoriosos y ante su reina talismán.

Durante su estancia en Sudáfrica Su Majestad ha cuidado al detalle su indumentaria, siempre con guiños al conjunto nacional.  También hemos podido ver a Doña Sofía marcando un gol a la pobreza junto a los más necesitados. Ella pasó en este país cinco años de su infancia. Cuando la familia real griega se trasladó desde el Cairo a Ciudad del Cabo ella tenía dos años y medio. Su familia se vio obligada al exilio cuando Mussolini invadió la península helénica.

Con la presencia segura de Doña Sofía en la final imaginé el encuentro frente a Holanda como un duelo entre reinas en el palco. De un lado la nuestra, del otro, Beatriz de los Países Bajos. Me confundí. La Casa Real española quiso aumentar su presencia y los Príncipes de Asturias volvían a la competición. Holanda mandaba a sus príncipes herederos. Se quedaba en un duelo entre príncipes. Todos sabemos como acabó la batalla, cómo reza el himno Holandés los Príncipes Guillermo y Máxima tuvieron que rendir pleitesía al “Señor de España”. Bonitos gestos de Cordialidad entre ambas Familias. De nuevo celebraciones y euforia en el vestuario, allí estuvieron Doña Sofía y los Príncipes. Los jugadores (todos los deportistas que colocan a España en lo más alto del podio) merecían su presencia. Luego, llegaron las audiencias y las fotografías.

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