Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

DE ABDICACIONES Y RENUNCIAS

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La inminente abdicación del rey de los belgas, Alberto II, genera entre los analistas políticos y estudiosos de la Dinastías la opinión de que se está generalizando en las Casas Reales de Europa un fenómeno que podríamos designar de "funcionarización", es decir, de que, llegados a cierta edad, aunque se mantengan aún las facultades para ejercer la Realeza, se cede el paso al heredero y se pasa a un honroso retiro.

Esta actitud comenzó en los Países Bajos y en Luxemburgo, curiosamente cuando estas casas eran regidas por sendas mujeres (las Reinas Guillermina –que abdicó en 1948-, Juliana -1980- y Beatriz de los Países Bajos -2013- y las Grandes Duquesas Adelaida -1919- y Carlota de Luxemburgo -1964, y el Gran Duque Juan, su hijo- que lo hizo en el año 2000).

El reino de Bélgica atravesó por una gravísima crisis al finalizar la II Guerra Mundial que llevó a abdicar al Rey Leopoldo III en 1951, con lo que se salvó la Institución en ese atípico país, aunque soportando un enorme desgaste. La abdicación de su hijo Alberto II en 2013 no tiene tan dramáticos tintes y se inscribe en esta idea burocrática de sus vecinos del antiguo Benelux.

Dos décadas de luchas continuas con los problemas de falta de vertebración de valones y flamencos con sus continuar crisis de gobierno, y ciertos desagradables asuntos de familia en diferentes flancos hacen que un monarca ya talludo, escaso de salud y, sobre todo, de afición a los problemas de Estado, ceda el testigo de la Dinastía a un hijo convenientemente formado desde la niñez bajo la atenta mirada de aquel Rey Prudente que fue Balduino y que, además, tiene formado desde hace años un hogar modelo, siempre aconsejable en una Monarquía.

Aquellos que insistan en que tras el Papa Benedicto, la Reina Beatriz y el Rey Alberto otros monarcas deben seguir el ejemplo y abandonar el trono correspondiente se equivocan pues las monarquías y los personajes citados tienen otras circunstancias a su alrededor, por lo que creemos no errar al pensar que en nuestros lares no vamos contemplar nada similar en los próximos meses. ¡Ojalá no me equivoque!

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