Martes 24/10/2017. Actualizado 01:00h

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Reino Unido

A 75 años de una historia de amor que sacudió al Imperio Británico

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Se conmemoran 75 años desde que, un 10 de diciembre de 1936, el rey Eduardo VIII de Gran Bretaña, emperador de la India y el hombre más poderoso de aquel entonces, anunciara por radio, mediante un romántico discurso, no poder reinar sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amaba.

La norteamericana Wallis Warfield, divorciada de Spencer y de Simpson, no podía ser reina pese a la firme posición de su enamorado y soltero "David".

El rey Jorge V, padre de Eduardo y fallecido meses atrás, había tenido una premonición tremenda: "Cuando yo muera, David se arruinará en doce meses".

Dicho y hecho, el Parlamento británico, los gobernadores coloniales y el primer ministro, Stanley Baldwin, se opusieron tajantemente a una americana, desfachatada, atrevida y con aires de superioridad ocupara el trono y se calzara la corona de reina.

Lo más triste del caso era que el rey no podía hallar consuelo en su propia familia, y menos en su madre, la reina viuda María, para quien el hecho de pertenecer a la realeza implicaba la obligación de sacrificarse moral y materialmente.

"La palabra 'deber' se levantó entre nosotros", escribió Eduardo VIII. "Pero no era que yo faltase a mi deber. No fue el deber lo que nos separó, sino nuestro concepto distinto de los deberes de un rey...".

En noviembre de 1936, la noticia estalló como una bomba en Europa y Norteamérica: El rey quiere casarse con una plebeya dos veces divorciada. En la Cámara de los Comunes, Baldwin hizo una detallada exposición del problema, atacándolo por el punto más sensible.

Después de anunciar que el Gobierno no apoyaría ninguna legislación encaminada a modificar la posición del rey y que los Dominios del Imperio tampoco aceptaban un matrimonio "morganático", recordó que, si bien los reyes no necesitan autorización de nadie para contraer matrimonio, su esposa pasa automáticamente a ser reina. Y no necesitó decir más.

Darío Silva D'Andrea

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