Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

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Reino Unido

Carlos de Inglaterra otra vez a tortas con los arquitectos ingleses

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El príncipe de Gales, cuyos gustos arquitectónicos suscitan sonrisas y fuertes críticas entre los profesionales, ha sido acusado otra vez de intervencionismo en un proyecto público y de favorecer un proyecto "cursi". Esta vez se trata del palacio de Kensington, en los jardines homónimos, que fue en su día residencia de la princesa Diana y es ahora una atracción turística, según informa hoy el vespertino "Evening Standard". Carlos sigue a tortas con los arquitectos.

La organización benéfica que preside el heredero del Trono británico, "The Prince's Foundation for the Built Environment", ha pedido a los responsables de la conservación del legado monumental del barrio donde se ubica el palacio que aprueben un pórtico de hierro fundido diseñado por uno de sus arquitectos favoritos. El diseño de John Simpsons, perfectamente acorde al particular gusto estético del primogénito de Isabel II, ha sido calificado por sus críticos de "mueble cursi de jardinería".

El palacio de Kensington es gestionado por la organización de Palacios Reales Históricos, que quiere aprobar el proyecto de reforma del edificio para el año 2012, cuando se celebrarán los 60 años de la subida al trono de la actual soberana. Pero los críticos afirman que la "loggia" favorecida por Carlos afeará la tan elegante como sobria fachada de ladrillo rojo del palacio, diseñado por el gran arquitecto inglés Christopher Wren, el mismo que construyó la catedral londinense de San Pablo, entre otros muchos edificios civiles e iglesias.

No sólo el teniente de alcalde del elegante barrio de Kensington y Chelsea, el conservador Daniel Moylan, se opone al diseño de Simpson, "que podría bien figurar en un catálogo de muebles de jardinería", sino también la Kensington Society y la Sociedad para la Protección de los Edificios, aunque English Heritage, que se ocupa del legado monumental de Inglaterra, lo aprueba.

El príncipe Carlos fue acusado el pasado junio de haberse extralimitado en su papel constitucional al intervenir para que no se aprobase un proyecto residencial diseñado para Londres por uno de los arquitectos más premiados de este país, Richard Rogers, por considerarlo "antipático".

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