Sábado 21/10/2017. Actualizado 01:00h

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España

Los príncipes presiden el funeral de los dos guardias civiles

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En la isla se les esperaba ya de forma inminente pero la tragedia ha querido que don Felipe y doña Letizia llegaran a Mallorca con un motivo mucho más triste. Acompañaron a las familias en la misa y les brindaron todo el apoyo que pudieron.

 

 

 

FOTOGRAFÍA: IPAPRESS

Muy de cerca cogía a la familia real el último atentado de la banda terrorista. Es por ello por lo que a primera hora de la mañana, en la capilla ardiente dispuesta en el Palacio de la Almudaina, las infantas e Iñaki Urdangarín aparecían para apoyar a las familias y rendir homenaje a los fallecidos.

A la una del mediodía tenía lugar en la catedral de Mallorca el homenaje de Estado de Diego Salvá de Lezaún y Carlos Sáenz de Tejada. Poco antes de la hora llegaban los príncipes de Asturias para rendir los honores pertinentes, también acompañados de nuevo por doña Cristina y su esposo y doña Elena. Una vez dentro del templo, todos ellos dieron el pésame uno a uno a los familiares y amigos de las dos jóvenes víctimas.

Dolor y contención. Era lo que se reflejaba en las caras de todos los miembros “reales” mientras tenía lugar la misa. Una infanta Elena muy afectada que tuvo la mirada baja todo el rato y una princesa de Asturias que respiraba hondo para contener la emoción, sobre todo cuando una señora mayor, abuela de uno de los guardias civiles, la abrazó durante varios instantes sin poder soltarla.

Los reyes vuelven hoy de su viaje a Madeira pero en un acto en la isla portuguesa ayer, don Juan Carlos aprovechó para expresar la postura conjunta de la reina y la suya: “Nuestra firme repulsa y condena, además del profundo pésame a los familiares, amigos y compañeros de los dos guardias. Nuestra sincera solidaridad”. Es previsible que los reyes cuando vuelvan a España, lo hagan ya a la isla de Mallorca sin trastocar los planes establecidos en cuanto al comienzo de sus vacaciones. La actitud de la familia real en estos casos siempre ha sido de continuar con su rutina y dar una apariencia de normalidad frente a la barbarie etarra.

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