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España

El Toisón de Oro en el siglo XXI

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Al tratar la Orden del Toisón de Oro parece necesario hacer una distinción entre tres tipos de galardones que suelen confundirse entre sí: las órdenes, las condecoraciones y las medallas.

Las órdenes son grupos de personas en las cuales se ingresa como premio, en el caso del Toisón de Oro, o con el compromiso de llevar a cabo alguna tarea (benéfica, religiosa, patriótica...). Tienen un alto componente de hermandad entre sus miembros, y a su cabeza se sitúa un personaje, el fundador y sus sucesores, generalmente, si son órdenes dinásticas (así, la que estudiamos), en cuyo caso de llama Soberano o Jefe. Si los estatutos prevén que los miembros elijan a este personaje, suele denominársele Gran Maestre.

Las condecoraciones son muestras de reconocimiento por los poderes públicos a personas con méritos, pero las agraciadas no constituyen una comunidad colegial como las órdenes. Se confunden las órdenes y las condecoraciones porque sus respectivos emblemas e insignias representativas pueden ofrecer en la actualidad gran parecido formal. Es difícil señalar diferencias esenciales entre la Cruz del Mérito Militar, una condecoración, y la Orden del Mérito Civil. Las medallas se limitan a recompensar actos singulares o a conmemorar ciertos acontecimientos.

La orden del Toisón de Oro y los Reyes de España.

La Orden del Toisón de Oro no es española por su origen: fue creada por Felipe III el Bueno, Duque Soberano de Borgoña, en 1430, para solemnizar su boda con Isabel de Portugal. La puso bajo el patronato de Nuestra Señora y de San Andrés, cuyas aspas borgoñonas enraizaron en España a lo largo de la historia.

Los estatutos dictados por el fundador estipulaban que el Duque de Borgoña sería Soberano con carácter hereditario, y señalan que, en caso de resultar una mujer heredera de los Duques, su marido ejercería la soberanía. Por ello, en 1477, a la muerte de Carlos el Temerario, su hija, María, transmitió a su cónyuge, Maximiliano de Austria, la Jefatura del Toisón. El hijo de ambos, Felipe I de Castilla por su matrimonio con Juana la Loca, aporta la Orden a la herencia de su hijo Carlos V.

Pese a su origen borgoñón, el acompaña­miento continuo del Toisón en empresas, hazañas, héroes y monumentos vinculados a España afianzaron la idea de que se trataba de la más alta dignidad que podían conceder los monarcas españoles. Durante el reinado de la Dinastía de los Habsburgo en España, el Toisón fue otorgado a un buen número de personajes de relevancia y la Orden mantuvo inalterado su prestigio.

El collar de la Orden se compone de eslabones que alternan la "B" de Borgoña con el pedernal y las llamas, recuerdo de Prometeo De la cadena pende el vellocino, y otras insignias para ocasiones menos solemnes pueden añadir todo tipo de fantasías.

La pretensión de la Casa de Austria a la soberanía de la Orden

Carlos II, antes de morir en 1700, designó sucesor al Duque de Anjou, nuevo rey Felipe V de España, nieto de su hermana Mª Teresa. Contra esta legítima designación levantó sus banderas Carlos VI, descendiente por varón de Felipe I, y los ingleses y holandeses. La Guerra duró trece años, y su fin significó el asentamiento de los Borbón en España

Los tratados de 1713 reconocían que Carlos VI podía usar, mientras viviese, los títulos de la Casa de España. Nada se decía expresamente del Toisón pero se respetaron las nominaciones de caballeros por él realizadas y, a su muerte, debería quedar la rama española como única titular. Pero los Habsburgo siguieron ejerciendo por su cuenta la Soberanía de la Orden, pese a las protestas de la Casa de España.

La situación de hecho a la que se llegó, sin ningún acuerdo que la oficializase, es que había UNA Orden del Toisón cuya Soberanía se arrogaban DOS personajes, el Rey de España y el Jefe de la Casa de Austria, sin que ninguno de los dos reconociese al otro como tal, pero actuando de manera que se aceptaban recíprocamente los respectivos nombramientos de caballeros. En los últimos años, sin embargo, el rey Alberto II de los belgas y su cuñado, Juan de Luxemburgo, han aceptado el Toisón del Rey de España cuando ya ostentaban el concedido por Otto de Austria.

La dinastía de Borbón y la Insigne Orden

Volviendo al desarrollo de la Orden bajo la Soberanía de nuestros Reyes de la Dinastía Borbónica señalaremos el gran aprecio que hacia ella demostró Don Felipe V.

José I, Rey intruso, actuó como Soberano del Toisón y, durante la Guerra de la Independencia, los poderes provisiona­les que rigieron la España no sojuzgada por los franceses hicieron concesión del vellocino al Duque de Wellington, generalísimo de los ejércitos aliados, primer anglicano admitido por la rama española del Toisón.

El Emperador de Rusia, ortodoxo, el Rey de Prusia, luterano, y otros muchos personajes de confesión distinta a la católica significaron una primera modificación del espíritu de los estatutos fundacionales. En este punto se llegó al extremo al concederse en 1870 a los soberanos de Turquía y Túnez, ambos mahometa­nos.

No obstante, aún en 1814, se mantenían ciertas esencias del espíritu originario de los estatutos, pues se llegó a anular el nombramiento por el que se agració al Regente británico, luego Jorge IV, ya que había obtenido el Toisón austriaco, pese al problema que planteaba en esta rama el no profesar la Fe católica.

El proceso se agrava a partir de 1833, cuando fallece Fernando VII, y le sucede su hija Isabel II. Según los estatutos debía haber sido declarado Soberano del Toisón su esposo, Francisco de Asís. No sólo no se hizo así, sino que se dictaron sendos Decretos, en 1847 y 1851, por los que se regulaba su concesión como si de una condecoración estatal española se tratase por lo que, caída la Monarquía de Isabel II en 1868, el General Serrano, como Regente del Reino, y Amadeo I siguieron otorgándola.

Suprimida por la República en 1873, no fue expresamente restablecida en 1875, con la Restauración de Alfonso XII, por lo que no queda claro si los Decretos de 1847 y 1851 afectan a la Orden a partir de esta fecha, aunque se siguen innovando las prácticas seculares con Alfonso XIII, como la práctica de nombrar caballeros a los Infantes no en el momento del Bautismo, como venía siendo lo habitual: así, los Infantes Don Juan y Don Gonzalo no ingresaron en la Orden hasta 1927, con motivo de las bodas de plata de su padre con el ejercicio efectivo de la Realeza.

Caída la Monarquía nuevamente en 1931, la II República se apresuró a declarar otra vez extinguida la Orden del Toisón, y Alfonso XIII no concedió públicamente ninguno en el exilio.

En 1960 publicó un libro el marqués de Cárdenas de Montehermoso que defendía que el Infante Don Jaime sólo había renunciado a sus derechos a la Corona de España, pero no a los del Ducado de Borgoña ni a la Soberanía del Toisón, reabriendo así la polémica de si iban unidas o no la Corona de España y la jefatura de la Orden borgoñona. Don Jaime otorgó varios toisones a personajes de la nobleza francesa, como el duque de Beauffre­mont, de la realeza (Irakly de Georgia), y a personajes como astronautas norteamericanos.

Posiblemente para reafirmar que la Soberanía del Toisón iba aneja a la Corona de España, el mismo año de la aparición del libro de Cárdenas, 1960, el Conde de Barcelona otorgó el Vellocino de Oro al Rey Balduino de los belgas, y en los años siguientes a su consuegro, el Rey Pablo de los helenos, al Duque Roberto de Parma, al Rey Constantino II y al Infante Don Carlos, Duque de Calabria y Jefe de la Casa Real de las Dos Sicilias.

Intentando un acercamiento conciliador al Jefe del Estado, el Conde de Barcelona escribió en 1961 a Franco ofreciéndole tan preciado galardón. El Generalísimo le contestó declinando tal honor, con lo que evitaba reconocer en Don Juan ningún tipo de Soberanía, y aconsejándole que se asesorase históricamen­te. En 1964, Franco comentó con su primo Franco Salgado Araujo, las recientes concesiones del Toisón por parte de Don Juan. Influido seguramente por Cárdenas de Monteher­mo­so, el Caudillo manifestaba su convencimiento de que Don Jaime ostentaba la Jefatura de la Orden.

En cuanto a Don Juan, cesaron los nombramientos en 1964 y, después de la subida al Trono de su hijo Don Juan Carlos, en 1975, no se produjeron nominacio­nes por parte del nuevo Rey hasta después del 14 de mayo de 1977, fecha de la renuncia de sus derechos por el Conde de Barcelona.

Tanto en el caso del duque de Fernández Miranda como en el del marqués de Mondéjar, también agraciado con el ingreso en la Orden en 1977, los nombramientos no aparecieron refrendados por el Presidente del Gobierno, al no publicarse en el Boletín Oficial del Estado por ser órdenes comunicadas de Su Majestad.

Creemos que ésta es la posición correcta, encuadrando el desarrollo de la vida de la Orden en el artículo 65 de la Constitución de 1978, en el que se determina que el Rey dispone libremente en lo referente a la organización de su Casa. Cesaría así la conceptuación, injustificada, de la Orden como una condecoración nacional en cuya concesión ha de intervenir el Gobierno de España, ajeno a una distinción nacida en Borgoña, máxime, teniendo en cuenta que el artículo 62.f de la Constitución permite al Rey conceder honores de acuerdo a las leyes pero, desde 1931, ninguna ley española hace alusión a la Insigne orden del Toisón de Oro.

La práctica posterior a la promulgación de la Carta Constitucional ha sido, no obstante, la del encuadramiento del Toisón a la cabeza de las condecoraciones estatales españolas, publicándose los nombramientos en el Boletín Oficial del Estado, en español (no en borgoñón como mandan los estatutos, práctica seguida en el exilio por el Conde de Barcelona), y refrendándolos el Presidente del Gobierno, figura totalmente ajena a la Institución. De insistirse en esta línea de actuación, se impone la promulgación de un reglamento español que dé cobertura legal a esta situación, de acuerdo al artículo 62 f de nuestra Carta Magna, antes citado

Otra importante alteración de los estatutos sobrevino en 1985: la Reina de los Países Bajos, Beatriz, fue recibida en la Orden. Parece que quiso significarse un radical cambio de actitud hacia las tópicas interpretaciones de la actuación en los Países Bajos de dos caballeros del Toisón: Felipe II y el III duque de Alba. Tras la Reina holandesa ingresaron en la Orden las otras dos soberanas por su propio derecho que hay en Europa, Margarita II de Dinamarca e Isabel II del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Ninguna otra dama ha ingresado en ella, ni siquiera la Reina Doña Sofía.

Los nombramientos hechos por Don Juan Carlos I demuestran la alta estima en la que tiene esta muestra de su aprecio, pues se ha limitado a conceder el collar a eximios servidores de la Monarquía (Don José María Pemán y el anterior duque de Alburquerque). Junto a ellos, sólo lo ha otorgado al Príncipe de Asturias y a los Monarcas reinantes del mundo casi en su totalidad: Países Bajos, Dinamarca y Gran Bretaña, Suecia, Noruega, el Rey Hussein de Jordania, Japón, Tailandia, Luxemburgo, el Rey de los belgas, Alberto II y el Rey Simeón II, agraciado con esta distinción durante el periodo en que fue Primer Ministro de la república de Bulgaria.

Caso muy extraordinario es el del ex presidente Sarkozy, al que se agradeció con este galardón su ayuda contra el terrorismo separatista, postura muy diferente a la de su predecesor Giscard, pese a que ansiaba el vellocino de manera casi patológica.

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