Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

La visita papal y la Casa Real de Francia

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La visita apostólica de Benedicto XVI a Francia ha culminado con la presencia papal en el santuario mariano de Lourdes, coincidiendo con el CL aniversario de las visiones de Bernadette Soubirous.

La visita apostólica de Benedicto XVI a Francia ha culminado con la presencia papal en el santuario mariano de Lourdes, coincidiendo con el CL aniversario de las visiones de Bernadette Soubirous. La presencia del Jefe de la Casa Real de Francia, Príncipe Luis de Borbón, Duque de Anjou, en la recepción al Sumo Pontífice en el Palacio del Elíseo, invitado por el Presidente de la República, resulta destacable así como su asistencia a la celebración de la Eucaristía en la Explanada de los Inválidos, en lugar destacado señalado por el protocolo de la Santa Sede a través de la Nunciatura en París, todo lo cual no es más que el reflejo de una tradición viva que nos recuerda que, en la Historia, los monarcas franceses (salvo el usurpador Luis Felipe I) son conocidos como “Reyes Cristianísimos”, que gozaban de derecho de veto en las elecciones pontificias y que Francia era llamada la “Hija Primogénita” de la Iglesia Romana.

Pero al margen de ello, la efeméride recordada en Lourdes nos parece suficiente para recordar que el Príncipe Gonzalo de Borbón, Duque de Aquitania, tío del Duque de Anjou, colaboró durante muchos años como camillero en las peregrinaciones de enfermos a Lourdes. En ellas, quienes lo tuvieron trabajando en los diferentes equipos, atestiguaron que desarrollaba notable empuje, que repartía entre los peregrino grandes cantidades de vituallas que portaba al efecto desde su domicilio y que, lo más importante, en medio del dolor y el sufrimiento de la enfermedad ponía notas de buen humor y de optimismo que los enfermos y sus allegados agradecían sinceramente.

Una anécdota prueba el snobismo de algunos de los que acudían a tan loables actividades: en una ocasión, el jefe de equipo en el que el Duque de Aquitania colaboraba, encargado de transportar niños enfermos, recibió una extraña petición por parte de otro jefe de grupo quien, amparándose en que era responsable de transportar enfermos adultos, solicitaba que le prestasen al Príncipe Gonzalo, “porque era un hombre fuerte”. Nada de ello minimiza lo benemérito de la presencia de Gonzalo de Borbón en Lourdes, que creemos merece un recuerdo sencillo como este.