Martes 06/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Los títulos del Rey

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“España es un país que premia muy mal”. Me lo comentó, si no me falla la memoria, Luis Solana, cuando hablé con él para mi libro “Todos los hombres del Rey”.

Su argumentación se centraba en que no habíamos logrado en nuestro país un hábito suficientemente “normal” y frecuente de honrar a personas destacadas, por sus servicios a la sociedad, a la ciencia, a la cultura, a los demás ciudadanos…

Pensando un poco más despacio cuál puede ser el motivo, se me ocurre que quizá tiene que ver con un cierto sentido del pudor por parte de los posibles beneficiados, pero también con algún principio de mezquindad en los demás, e incluso con ese viejo vicio que dicen que afecta en especial a los españoles que es la envidia.

Coincido con Luis Solana en que aquí se premia mal. Me parece que él aducía, como contraejemplo, los casos de Francia o Gran Bretaña, donde con toda normalidad, y con bastante frecuencia, se procede al reconocimiento de los individuos destacados mediante distinciones como la Legión de Honor o la concesión del título de Sir por la Reina, que se aplican incluso a personas de otras nacionales.

Viene todo esto a cuento de las últimas dignidades concedidas por don Juan Carlos. Si alguna cosa puedo lamentar de determinadas distinciones es lo tardío de la decisión en no pocos casos. Por ejemplo, el marquesado de Guadalcanal otorgado ahora a Antonio Fontán, merecidísimo, por supuesto (desde aquí, le felicito con cariño), tendría que haber llegado, creo, mucho antes. Y ha habido más ocasiones en que la dilación ha resultado excesiva.

Que hayan obtenido sendos marquesados dos mujeres, lo estimo oportuno y acertado, porque ellas están siendo las grandes ausentes, en la lista de distinguidos reales. Ahora Paloma O’Shea y Margarita Salas, abren una brecha clara para que la ruta iniciada por La Zarzuela continúe.

En lo que se refiere a la grandeza de España otorgada al conde de Godó, no es pequeño detalle. Me viene a la memoria que eso mismo concedió don Juan Carlos al anterior Jefe de la Casa, Fernando Almansa, vizconde del Castillo de Almansa, quien, gracias a ese añadido al título pasaba a quedar, protocolariamente hablando, por delante de su hermano, que heredó el título familiar primigenio.

Bien, pues, por esas dignidades concedidas por el Rey. Aunque siguen siendo mercedes otorgadas con cuentagotas.

España necesita organizar un sistema más operativo y sencillo, y también a distintos niveles, que permita destacar a quienes lo merezcan. Una sociedad que no premia, además de ser injusta es poco inteligente, porque se esteriliza a sí misma.