Domingo 20/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

La serie televisiva Sofía una falsificación de la historia

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Quien estas líneas firma no sale de su asombro ante la poca seriedad de los responsables de una serie televisiva que pretende narrar el noviazgo y los primeros años del matrimonio de los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía, emitida en el mes de enero de 2011 por Antena 3 TV.

Que Don Juan Carlos, oficial del ejército español de 1962 fume con el cigarrillo en la mano derecha mientras que una Princesa de Grecia haga lo propio usando la mano izquierda, resulta disculpable; menos lo es que el servicio de la Familia Real de Grecia hable de la hermana de Doña Sofía denominándola “la señorita” Irene; pero lo que resulta doloso es el falseamiento consciente que se hace de la verdadera Historia. Si uno de los graves problemas con los que se enfrentan las dinastías española y griega a la hora de celebrar el matrimonio es la pertenencia de Doña Sofía a la Iglesia ortodoxa griega y uno de los ejes sobre los que se construye el guión es la forma de solventarlo, no se entiende por qué se miente al presentar a Don Juan Carlos como el negociador con la Santa Sede en tan espinoso asunto, cuando lo cierto es que la familia real tuvo que actuar a través de la Embajada de Franco ante Juan XXIII, máxime teniendo en cuenta que se estaba renegociando en esos momentos el Concordato. El asunto está perfectamente documentado en el libro de Fernando Rayón La Boda, publicado por La Esfera de los Libros en 2002.

Las continuas alteraciones de los hechos históricos que de manera totalmente gratuita jalonan la trama argumental alcanzan un buen ejemplo al exponer el episodio en el que el Conde de Barcelona escribe a franco ofreciéndole el Toisón de Oro. Expresamente, el actor que encarna al Jefe del estado señala que no va a contestar a esa carta, cuando lo cierto es que lo hizo prolijamente, expresando que no estima conveniente aceptar el ofrecimiento hecho por el Infante Don Juan y recomendándole que se asesore históricamente al respecto.

No sabemos qué habrá pensado S.M. el Rey al verse encarnado por un actor con las cejas depiladas (costumbre que jamás ha practicado Don Juan Carlos, que sepamos), pero los historiadores respetuosos con la autenticidad de las crónicas no podemos hacer otra cosa que escandalizarnos de esta falta de rigor y, en suma, de respeto a la verdad histórica.

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