Domingo 24/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

El rey vacilante

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La primera señal de alarma saltó la semana pasada, el jueves, en una audiencia a generales de división y vicealmirantes en el Palacio de La Zarzuela. Al rey se le vio trastabillarse, tropezar, y algunos de los militares presentes casi le ayudaron a no caer. La impresión de inestabilidad y debilidad resultó clara.

Sin embargo, hasta ese momento todo indicaba que el proceso de rehabilitación de don Juan Carlos marchaba de forma adecuada y hasta satisfactoria. Ahora, sin embargo, reina un cierto pesimismo.

Lo que se escucha en los ámbitos de La Zarzuela es que el rey se está descorazonando al comprobar que no acaba de lograr la movilidad de forma definitiva. Y viendo que han pasado ya los famosos seis meses de plazo para una recuperación total que anunciaron los médicos, y que la promesa no se ha cumplido.

No solamente eso. Es que durante todo este tiempo el propio don Juan Carlos se ha entregado de forma absoluta en los ejercicios de rehabilitación. No ha ahorrado esfuerzo: al menos dos horas diarias de ejercicios, cuando no cuatro; trabajo en las paralelas y en la piscina, ayuda intensiva de un fisioterapeuta... pero la deseada normalidad de movimientos no se ha alcanzado. Sigue sintiéndose inseguro, como le ocurrió en la audiencia con los generales.

Incluso se habla de que don Juan Carlos sufre dolores, una circunstancia que le apretó especialmente cuando sufría la hernia discal, y que ahora vuelve. Y eso desconcierta y descoloca al rey.

Un segundo momento de alarma se vivió este lunes, en el solemne acto de apertura del año judicial. Don Juan Carlos, que lo presidía, se mostró desubicado, incluso ausente, con dificultades para presentar a los sucesivos oradores. Se equivocó más de una vez y tuvo que ser ayudado por el ministro de Justicia.

Una anomalía seria en el proceso de recuperación de don Juan Carlos, y mucho más aún la eventualidad de una segunda operación, pondría en riesgo su asistencia a la Fiesta Nacional, el 12 de octubre, pero sobre todo la presencia de los reyes en la Cumbre Iberoamericana de Panamá. Un momento especialmente importante para España.

A más a más, un rey vacilante, inseguro, impedido, no ayuda mucho a la demanda de estabilidad y de seguridades que requiere este país, sacudido por tantas crisis: económica, política, social, judicial y también institucional. Demasiadas desgracias juntas.

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