Sábado 19/08/2017. Actualizado 14:09h

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Tribuna Libre

El relevo del rey

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El postoperatorio del rey ha provocado que el príncipe Felipe haya asumido la representación de su padre.

No ha sido, técnicamente, una representación institucional, en el sentido de hacer oficialmente de rey, pero sí que ha ocupado su lugar.

Se ha visualizado sobre todo con ocasión de la cumbre Unión Europea-América Latina, en la cena de gala celebrada en el Palacio Real, donde recibió a los 16 jefes de Estado y 14 jefes de Gobierno llegados a Madrid, y ante los cuales pronunció un discurso.

Tampoco ha habido, propiamente, una asunción, como heredero, de las funciones del monarca, en el sentido del artículo 59.2 de la Constitución, que establece que el príncipe asumirá la regencia “si el rey se inhabilitare para el ejercicio de su autoridad y la imposibilidad fuere reconocida por las Cortes Generales”.

No hay regencia. Entre otras cosas, porque las Cortes no han reconocido la imposibilidad del rey para ejercer su cometido, y por tanto sigue estando “habilitado”.

El rey continúa en Barcelona, acogido a las instalaciones de su hospital de referencia, que no es el Clínic sino la Clínica Planas, a la que estos últimos años acude para los chequeos anuales de rutina, y en la que, además, se somete a tratamientos contra el envejecimiento.

El príncipe no ha asumido el papel del rey porque don Juan Carlos sigue estando hábil. De entre sus funciones constitucionales, la que más veces ha de atender es la rúbrica de leyes y decretos, que sin su firma no quedan aprobados ni pueden aplicarse, y eso lo puede atender con toda normalidad.

Dicen que desde La Zarzuela intentan que no se instale la impresión de que hay un relevo del rey. Y sin embargo, no ha sido mala oportunidad, esta ocasión de ver en directo al futuro monarca actuando públicamente ante un buen grupo de presidentes, entre ellos la alemana Merkel o la argentina Cristina Kirchner.

No ha existido un relevo estos días, pero la conclusión es que “hay relevo”. La monarquía española cuenta con un sucesor en forma para, cuando Dios quiera, tomar el testigo de su padre. Y eso da cierta tranquilidad.

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