Jueves 08/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

La primera familia de España

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Hace unos días, contemplábamos la "foto de familia" de la Familia Real en Palma de Mallorca, un rito que se cumple dos veces al año, en Semana Santa y en verano.

Contemplando la escena, surge una reflexión: nuestra monarquía “es familia”. Evidentemente, lo son todas, con la excepción de alguna electiva, que por eso suele vivir una existencia efímera. En las que están al uso, y por supuesto en las vigentes en Europa, la condición de pertenencia a una concreta familia es lo que fundamenta y regula los respectivos derechos a ocupar el trono.

Precisamente por eso, cuando se produce un debilitamiento de la familia como tal, y mucho más si se procura su demolición, las consecuencias inciden directamente en la estabilidad de la monarquía. Es comprensible. Si, por así decirlo, todo es familia, si cualquier unión es matrimonio, si cualquier descendiente queda equiparado a todos los efectos…las reglas de juego de la institución empiezan a saltar por los aires. Y la monarquía queda tan en precario que le resulta muy problemático subsistir.

A la vista de estas reflexiones, de la legislación familiar aprobada en España y de su efecto en las reglas de la sucesión, pienso que sería conveniente elaborar una Ley Orgánica que especifique con claridad meridiana qué partes de esa normativa son de aplicación directa, pero, sobre todo, qué otros aspectos deberían quedar fuera. Me refiero, por poner sólo un ejemplo, a la equiparación de los hijos habidos fuera del matrimonio.

Pero, además de esa característicia elemental que afecta a todas, nuestra monarquía es familia, en el sentido básico y natural del término, porque quienes la fundaron, don Juan Carlos y doña Sofía, desde el principio de su relación en común se propusieron constituir eso, una familia. Y en su intimidad, de puertas adentro, una familia normal. Con padres que actúan como padres en sentido primigenio, y con hijos que son y se comportan como tales. Y con proceso educador incluido.

Aquel objetivo, ser una familia, ha quedado cumplido en muy gran medida. Superando, por supuesto, momentos delicados, que los ha habido, como en casi todas: dificultades varias en la pareja, complicaciones con los hijos… Pero todo eso ha sido abordado y resuelto, hasta llegar al día de hoy y al confortador panorama que reflejan las fotos tomadas en Palma

El reto siguiente es que las nuevas generaciones, es decir, el príncipe y las infantas, también construyan esa familia que requiere la institución. Y un reto imperativo es educar a las ocho criaturas (por el momento) que forman el grupo de nietos de los reyes. Porque una de las hazañas de don Juan Carlos y doña Sofía ha sido la formación de sus hijos: han sido bien enseñados. Ahora a ellos les toca afrontar el mismo desafío y cumplirlo con éxito. Muy singularmente en el caso de los príncipes de Asturias.

(Publicado en La Gaceta de los Negocios el 11-08-2007)