Lunes 25/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Las peligrosas amistades del príncipe Andrés

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p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal { margin: 0cm 0cm 0.0001pt; font-size: 12pt;"Times New Roman"; }div.Section1 { page: Section1; } Hace unos días, el presidente de la Cámara de los Comunes del Parlamento inglés, John Bercow, se vio obligado a llamar al orden a un diputado laborista, Chris Bryant, por pedir en ante los parlamentarios que el príncipe Andrés de Inglaterra fuera apartado de su cargo de embajador especial para el comercio británico, cargo desde el cual llega a gastar más de medio millón de euros anuales en viajes y gana 290.000 euros anuales.

p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal { margin: 0cm 0cm 0.0001pt; font-size: 12pt;"Times New Roman"; }div.Section1 { page: Section1; } Aunque no es ilegal, se considera feo atacar a los Windsor en el parlamento porque no se pueden defender en público. “Las referencias a la familia real han de ser excepcionales, controladas y muy respetuosas. Tenemos que ser muy cuidadosos al manejar estos asuntos”, le advirtió al diputado pese a que el asunto que involucra al tercer hijo de la reina Isabel II, y miembro menos apreciado de la Familia Real Británica, ha llegado a ser tan turbio que ha llegado al Parlamento, y un periodista se atrevió a preguntar al príncipe si se consideraba una vergüenza para su nación.

Todo comenzó cuando en la prensa inglesa apareció una fotografía del duque de York junto a Jeffrey Epstein, un multimillonario estadounidense condenado por pederastia que antes de caer en desgracia ponía su jet privado a disposición de celebridades como Bill Clinton, Naomi Campbell, Kevin Spacey y, por supuesto, el Duque de York.

En otra foto, “el principito” aparece abrazado a la masajista de Epstein, Virginia Roberts. La cosa no hubiera pasado a mayores si no fuera porque en la época en que fue tomada la foto (año 2001) la hermosa joven tenía diecisiete años. Al parecer, también el príncipe habría recibido un masaje de la joven, aunque sin ningún contacto sexual, en la casa de Epstein en Florida. Más tarde, bajo el seudónimo judicial de “Jane Doe 102”, la muchacha acusó de explotación sexual a Epstein, que durante cuatro años la hizo pasar como masajista pero en realidad la usaba como su esclava sexual, de sus amigos y, según su testimonio, de algunos miembros de la realeza.

En la declaración, otras dos atractivas rubias, la asistente personal de Epstein, Sarah Kellen, y la novia del multimillonario, Nadia Marcinkova, se negaron a responder si el Príncipe tuvo relaciones sexuales con adolescentes aunque, según los tabloides británicos, queda claro que sí recibió sesiones de masajes. Acusado y juzgado, el amigo de Andrés fue condenado a 18 meses de prisión por pederastia y ha llegado a acuerdos para indemnizar a otras 17 chicas que le acusaban de lo mismo.

El Príncipe Andrés fue presentado a la joven Virginia por Ghislaine Maxwell, la esposa del financiero, en la casa que ésta posee en Londres durante un viaje de los Epstein a Europa. Aquel día, tras el té, la cena y una visita al club nocturno “Tramp”, la pareja, el príncipe y la modelo regresaron a la mansión de los Epstein donde el príncipe y la joven Virginia estuvieron mantuvieron un encuentro a solas. A la mañana siguiente, y según declaraciones de la modelo, Ghislaine Maxwell la felicitó diciéndole: “Lo hiciste bien. Se lo pasó bien”. Días más tarde, al concluir aquel viaje, le entregó 15.000 libras esterlinas en pago por sus numerosos servicios. Un segundo encuentro entre Virginia y el príncipe se produjo en la mansión de los Epstein en Manhattan en 2001 y un tercero en una Isla del Caribe.

Todo ello es material suficiente para que los inclementes tabloides británicos, y también la prensa seria, comenzaran contra el príncipe, pero los insaciables tabloides no tardaron en encontrar ramificaciones, y una investigación ha revelado que la ex esposa de Andrés, Sarah Ferguson, aceptó unos 25.000 dólares del multimillonario para pagar sus cuantiosas deudas. Jeffrey Epstein recibió al príncipe como huésped en su casa de Florida y, a pedido de Andrés, le dio 15.000 libras esterlinas (US$ 24.300) al ex asistente personal de “Fergie” en diciembre de 2010 como parte de la deuda de 78.000 libras que la duquesa tiene con él, y discutió los 5 millones de libras esterlinas de deuda de su ex mujer.

Avergonzada, aunque acostumbrada a pedir perdón, Ferguson se disculpó públicamente y asumió toda la responsabilidad con una ardiente defensa de su ex marido: “El Príncipe Andrés es un padre de primera clase, un hombre de primera clase. Jamás haría algo incorrecto”. Sin embargo, tras la declaración, el rotativo Daily Mail ha publicado que en 1998, tan sólo dos años después del divorcio de los Duques de York, Epstein voló en uno de sus jets privados para reunirse con Sarah y sus dos hijas, las princesas Beatriz y Eugenia. Dos años más tarde el príncipe utilizó nuevamente el jet de Epstein para trasladarse de Nueva Jersey a Florida, y ese mismo año el financiero fue uno de los invitados al cumpleaños de Isabel II en el Castillo de Windsor. Seis meses más tarde pasó unos días en Sandringham, la casa que la reina tiene en Norfolk, tras haber aterrizado su jet en una base de la Real Fuerza Aérea, para celebrar junto a la familia real el 39º cumpleaños de Ghislaine Maxwell. Se dice, incluso, que Epstein habría llegado a dar consejos financieros a la propia Reina de Inglaterra para el buen manejo de sus inversiones.

El gran error del príncipe, sentencian los medios ingleses, ha sido mantener sus vínculos de amistad con Jeffrey Epstein incluso después de que este fuera condenado por tener relaciones sexuales con menores de edad. Y no solo eso, sino que la prensa parece convencida de que lo ha hecho porque su amistad con el millonario le es muy rentable. Pero eso no es todo.

La prensa también ha llegado a cuestionar sus relaciones con otros personajes polémicos como Saif Gadafi, hijo del dictador libio, el traficante de armas libio Tarek Kaituny o el yerno del presidente de Kazajstán, el millonario Timar Kulibayev, a quien el príncipe vendió en 2007 su casa de Berkshire, regalo de boda de su madre. Kulibayev le pagó 15 millones de libras (17,4 millones de euros al cambio actual) por una casa que llevaba tres años en venta por 12 millones. Aquella transacción se realizó gracias a los buenos oficios de Goga Ashkenazi, una mujer de la jet-set de Kazajistán, que tiene un hijo de Kulibayev y que tres meses antes había acompañado al príncipe Andrés a las carreras de caballos de Ascot, donde fue presentada a la reina Isabel II. Según The Times, el Gobierno de Kazajistán confiaba en que el príncipe Andrés convenciera a los inversores de la City de que esa república ex soviética es un buen lugar para hacer negocios. La diplomacia de Estados Unidos considera “grosera” y una “notable falta de decoro” un viaje de negocios del príncipe a Kirguistán, del que informó e polémico sitio web Wikileaks.

La negativa del príncipe Andrés a dejar de ser el representante especial de comercio internacional e inversión también ha puesto en apuros a Downing Street, las oficinas del primer ministro inglés. Primeramente, algunas fuentes próximas al premier filtraron a la prensa detalles sobre el escándalo y la situación parecía clara: el gobierno estaba entregando material a la prensa, con lo que el fin en el cargo de su alteza estaba ya decidido. Pero el duque se negó a dejar su puesto, y, en realidad, nadie le puede pedir que lo abandone, ya que es un cargo honorífico. Por lo tanto, no le quedó otro remedio a Downing Street que defender al príncipe Andrés.

“Tenemos confianza plena en su trabajo”, dijo el primer ministro pocas horas después de que fuentes de Downing Street dijeran a varios medios que “un escándalo más”» sería el fin de Andrés como enviado especial del gobierno para comercio e inversión. Ya son cinco los ministros que, debiendo apoyarlo, se han negado a hacerlo. Entre ellos, el secretario de comercio, Vince Cable, de quien depende directamente la labor del príncipe, y que fue el único que admitió públicamente que existen conversaciones sobre el futuro del duque de York al frente de la misión comercial británica: “El Príncipe debe juzgar por sí mismo si sigue en su puesto. Obviamente conversaremos con él respecto a cómo serán sus actividades futuras”.

El diario Daily Express ha informado de que la reina Isabel II y su hijo tuvieron una reunión en la que la soberana le dejó claro que está harta de polémicas, y más con la boda del Príncipe Guillermo tan cercana. Por su parte, el príncipe comprendió la situación y acepta que “ha causado problemas”, pero si le retiran de su puesto quiere que se mantenga su “dignidad”, y que no parezca que le han “expulsado”.

El presionado canciller William Hague defendió públicamente al hijo de la reina y dijo que había hecho “muchas cosas buenas” en su misión, que costó a los contribuyentes británicos 15 millones de libras en una década. Sólo la custodia costó 10 millones de libras en sus 10 años de función, y a lo largo del año 2010 el duque llegó a gastar 620.000 libras como enviado de negocios británico, y en Davos nada menos que 19.000 libras esterlinas en tres días. Por su pasión por los helicópteros y viajes en aviones alquilados se ganó el sobrenombre de Air Mail Andy (Correo Aéreo Andy) entre los tabloides. Extremadamente criticado por no saber establecer una clara línea divisoria entre su función oficial como miembro de la Casa Real y sus negocios personales, el príncipe está acusado de utilizar un viaje oficial al Golfo para conseguir un comprador de su residencia de Sunninghill Park.

“El príncipe Andrés debería haber abandonado su papel. Visitó a varios déspotas en lugar de salvar a su madre y a su país de la vergüenza”, afirma un editorial publicado recientemente en The Times. “Creo que debe ser relevado de sus servicios. Creo que la lista de cargos en su contra es tan larga que es vergonzosa”, dice Chris Bryant, miembro del partido laborista. “Me temo que se ha convertido en una vergüenza nacional”. Por su parte, el respetado comentarista conservador Max Hastings, opina que la amistad de Andrés de Inglaterra con Epstein ha sido la gota que ha colmado el vaso y que “todo hubiera sido diferente si de chico le hubieran dado una buena tunda y lo hubiera mandado a un rincón hasta que aprendiera a comportarse”. - DARÍO SILVA-D’ANDREA

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