Domingo 24/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

El error Urdangarín

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Mala noticia para don Juan Carlos, y para la institución monárquica en sí misma, la peripecia judicial en que se halla Iñaki Urdangarín.

Porque en realidad lo que ocurre es que un miembro de la familia real se encuentra incurso en un sumario judicial. Y ahora no hablamos de las ramificaciones que puedan alcanzar a la infanta Cristina, su esposa. Nos limitamos a su marido.

Y es que, según los protocolos, Urdangarín es miembro de tan especial familia. Forman la familia real, como es sabido, los reyes, sus hijos, los consortes, y los hijos de sus hijos.

Si la monarquía no tiene ya problemas, como la pérdida del aprecio de los españoles que desvelan las últimas encuestas del CIS, ahora se ve afectada por un escándalo de corrupción.

Quede en lo que quede el sumario (y ojalá que el duque de Palma se vea exonerado), lo cierto es que sobre la familia real ha caído una mancha más, que, a efectos de valoración de la opinión pública, va a resulta casi imposible borrar.

Iñaki Urdangarín ha cometido un tremendo error, que nunca debieron permitir ni don Juan Carlos ni la cúpula de La Zarzuela: dedicarse a hacer negocios particulares.

Una cosa es trabajar como empleado, incluso como directivo, en empresa ajena, y otra muy distinta ocuparse en negocios propios. Y, encima, manejando para ello relaciones y contactos en los que, inevitablemente, juega su condición de yerno del rey.

En el mejor de los casos, es decir, en el supuesto de que el entramado económico aplicado en su famosa fundación Noos resulte claro e irreprochable, sigue siendo un error haberle permitido constituir una empresa propia y dedicarse a buscar contratos con las administraciones.

Lo malo es que esto no ha hecho más que empezar. Dada la parsimonia de la Justicia, el caso va a copar portadas y aperturas de telediarios durante mucho tiempo. O sea, nuevos desgastes que añadir a la institución monárquica.

Imaginemos solamente el día en que Urdangarín tenga que comparecer ante el juez, previsiblemente en calidad de imputado.

Sabido es que tal condición, la de imputado, no supone otros efectos legales que el derecho a presentarse asistido por abogado, incluso para mayor protección de sus derechos. Pero la realidad es que esa condición, esa palabra, se encuentra estigmatizada.

La presencia del duque de Palma ante la justicia será otro amargo peso en detrimento de la buena imagen de la Corona. Lo malo es que quizá no será ni el único ni el menos desastroso.

Todo, por no haber impedido el error Urdangarín. Y en eso hay también responsables, como hemos visto.

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