Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Rumores con corona

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No estaría de más que alguien cogiera con cierta firmeza el timón informativo de la Casa Real, con criterio, con sentido de la realidad informativa, sabiendo lo que es la opinión pública y teniendo muy presente lo que la Institución se juega. Los rumores sobre la Monarquía, los Reyes, los Príncipes de Asturias, las Infantas y sus respectivos matrimonios, e incluso el entorno familiar más menos cercano, son objeto de especulaciones demasiado frecuentes para que no haya que poner los medios e intentar dejar las cosas en su sitio.

Las monarquías se desacralizan. Mejor dicho, las monarquías llevan bastante tiempo desacralizadas. Ese bajar a la tierra de los reyes no es bueno ni malo. Son buenos o malos los efectos y, sobre todo, el tratamiento que se da a los sucesos que rodean a las familias reales.

En España siempre se ha hablado de pactos informativos en torno a la Monarquía de don Juan Carlos. Con independencia de que hayan existido o no, lo cierto, lo vemos todos los días, es que ya no están vigentes.

Los rumores sobre la Monarquía, los Reyes, los Príncipes de Asturias, las Infantas y sus respectivos matrimonios, e incluso el entorno familiar más menos cercano, son objeto de especulaciones demasiado frecuentes para que no haya que poner los medios e intentar dejar las cosas en su sitio.

Será discutible eso de que el rumor es la antesala de la noticia, pero lo que es indiscutible es que el rumor es la certeza de las tergiversaciones y de la mala información.

La política de la Casa Real de no desmentir, de no salir al paso de rumores  es eso, simplemente una política, pero ni siempre es lo mejor ni, por supuesto, es inamovible.

 Alguien no está haciendo las cosas bien en lo que se refiere a esa política informativa que sale de La Zarzuela. Se suceden las ‘meteduras de pata’ y los rumores calan en la opinión pública, ya vengan de Rusia o del otro lado del Atlántico; de Marruecos o de dentro de nuestra geografía.

El rumor se deshace en la transparencia como un azucarillo en el agua. Una cosa es una política informativa prudente y hasta de cierta reserva y otra es dejar pasar las oleadas en espera de tiempos mejores que hagan olvidar el rumor. El rumor acaba tomando carta de naturaleza y la opinión pública es de memoria recurrente.

No estaría de más que alguien cogiera con cierta firmeza el timón informativo de la Casa Real, con criterio, con sentido de la realidad informativa, sabiendo lo que es la opinión pública y teniendo muy presente lo que la Institución se juega.