Martes 26/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Recepción a los embajadores en el Palacio Real

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La recepción al cuerpo diplomático acreditado en España posibilita la circunstancia, siempre grata, de tomar un taxi y decirle al taxista: “al palacio real”.

La recepción al cuerpo diplomático acreditado en España posibilita la circunstancia, siempre grata, de tomar un taxi y decirle al taxista: “al palacio real”. Los embajadores, por supuesto, no avanzan en taxi sino en coches alemanes que ronronean al pasar. El día era claro y ventoso como uno supone que eran los días en que Alfonso XIII abría la ventana, escopeta en mano, para tirarle a alguna paloma, pues la colina del palacio es gran paso de pichones –no en sentido figurado sino en sentido literal.

Que se sepa, el embajador de Turquía no ha interpuesto ninguna protesta formal por la réplica del bronce “Carlos V dominando al furor”, es decir, pisoteando al turco. Asimismo, los frescos de Tiépolo, observados por el embajador de Francia con toda la mansedumbre que le permite su bizarría, son de una glorificación hispánica ajena a toda alianza de civilizaciones. Como es costumbre, alguien se desmaya durante el discurso del Rey, y asistimos al revolotear de los ujieres. La prensa, mientras tanto, comenta con envidia la calidad de vida que han de tener los miembros de la carrera diplomática andorrana, país sin más amenaza nacional que el aburrimiento. Volviendo al embajador francés, alguien tendrá que explicar cómo es que lleva corbata y pochette del mismo estampado. Claro que uno entiende que se lo pueda permitir.

El jefe de protocolo presentó a un legado con su novio, aludiendo a este como “y señor”. Fue un contraste con el discurso en torno a la familia y el bien común que pronunció el nuncio. En realidad, también fue un contraste con el discurso del nuncio el hecho de que un embajador sudamericano se presentara con una esposa a la que el decoro de otros tiempos hubiera hecho presentar como sobrina. Por lo demás, desfile de trajes regionales, preocupación por Haiti –hondo pesar de la embajadora haitiana-, pintoresquismo de embajadores no residentes como el de la Unión Popular de Myanmar, elegancia de las chilabas y un “apártense, por favor” que suena a “paso al Rey de España”.

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