Viernes 22/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

El Príncipe bailarín

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¿Qué consecuencias puede tener en los derechos dinásticos de Manuel Filiberto que haya ganado la edición italiana del 'Mira quién baila'?

Lejos ya de los tiempos en que los príncipes tenían maestros de baile para lucirse con mediana desenvoltura en los minués, gavotas, valses o polcas de los salones palaciegos, ha sorprendido a muchos la participación de Manuel Filiberto de Saboya, príncipe de Piamonte y de Venecia, nieto de Humberto II, último Rey de Italia, en la quinta edición del programa televisivo italiano Ballando con le stelle, la versión italiana del Mira quién baila. Y mucho más aún que ganase el concurso con un 75% de votos favorables. ¡Qué diferente del resultado del amañado referéndum entre Monarquía y República de 1946!

No es la primera vez que el hijo del príncipe Víctor Manuel de Saboya incursiona en la televisión y en el mundo del espectáculo: ha participado en el programa deportivo de la Rai Quelli che il calcio, ha actuado en anuncios televisivos de una marca de aceitunas, y no hace mucho dio sus opiniones en la transmisión de Canal 5 Il Ballo delle debuttanti, presentado por Rita dalla Chiesa. Todo ello forma parte de una tradición en la vida de Manuel Filiberto, que se inicia antes de su retorno a Italia después del forzado exilio de su familia: darse a conocer a los italianos.

La cuestión es ésta: ¿Debe un príncipe real aparecer en concursos televisivos de esta naturaleza? ¿Es indigno que un nieto de monarca baile ante el público televidente? La respuesta no es simple. Por supuesto, las mentes más liberales contestarán con bastante indiferencia a la primera pregunta que “¡qué problema hay!” y a la segunda que evidentemente no, mientras que las mentalidades más ultramontanas se rasgarán las vestiduras entre gritos de “¡escándalo!” y lamentos por el perdido decoro de la realeza. Una mente preclara dijo una vez que no somos moneda de cinco duros que a todos gusta y no le faltaba razón. Está claro que los mortales del común, entre los que me encuentro, no debemos actuar por el qué dirán. Pero, ¿y los príncipes?

Surge aquí una cuestión sobreañadida: ¿Tienen los príncipes destronados las mismas obligaciones que tenemos los ciudadanos de a pie? No cabe duda de que los que están en el pleno disfrute de sus prerrogativas regias, hijos de monarcas reinantes, deben guardar ciertas precauciones en el desarrollo de sus actividades privadas porque éstas nunca lo son totalmente y un exceso de ligereza puede tener repercusiones político-dinásticas de cierta relevancia. Ahora bien, ¿qué consecuencias puede acarrear para un príncipe de una Casa Real no reinante el mostrar en público lo bien que ejecuta pasos y piruetas? Pues a mi modo de ver, los efectos dependerán de quien efectúe la lectura. Y, en todo caso, nunca serán tan decisivos en uno u otro sentido como para preocupar al causante.

Manuel Filiberto de Saboya tiene ciertas aspiraciones políticas -y no sabemos si dinásticas- y si sigue teniéndolas debe cuidar lo que hace para lograr atraer a su causa al mayor número de partidarios. Que el Príncipe de Venecia quiere llegar a algo en Italia es evidente, después de su poco exitosa participación en las pasadas elecciones italianas con la lista independiente Valori e Futuro para los 12 escaños reservados a los italianos residentes en el extranjero.

Desengañémonos. Si lo que pretende es un voto de cantidad y caer bien después de ciertos faux pas de su historia reciente, como la demanda de una indemnización de 260 millones de euros por daños después de la Guerra, los éxitos de danza de Manuel Filiberto le habrán supuesto un pequeño espaldarazo, máxime después de haber declarado que “también los príncipes necesitan ir a televisión para ganar dinero y sacar adelante a sus familias”. Pero si lo que pretende es un respaldo cualitativo y que los viejos monárquicos le apoyen, bailar en televisión no es el mejor modo de lograrlo. El Príncipe sabía que iba a perder el apoyo de muchos monárquicos por ésto, a lo que él siempre ha replicado que es un hombre de su tiempo, que como tal se comporta, que lleva trabajando desde los 19 años y que nadie le ha regalado nada. “No podía jamás representar el papel de príncipe que permanece suspirando tras la ventana”, declaró no hace mucho.

Lo cierto es que Manuel Filiberto de Saboya -que se ha autocalificado de centro derecha y liberal- ha recibido ya lo que él ha denominado “propuestas interesantes” para presentarse a las próximas elecciones europeas por parte de la formación democristiana UDC y por parte de otro partido más. De momento parece querer pensárselo mejor. ¿Cuál será el próximo paso? Esperamos impacientes...

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