Martes 19/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

El Príncipe de Gales y la Arquitectura Contemporánea

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La quijotesca actitud del Príncipe Carlos en defensa de la arquitectura neo-tradicional ha levantado las protestas de varios arquitectos británicos. Esperemos que Su Alteza Real siga expresando sus ideas con el mismo desparpajo y libertad.

El pasado fin de semana leí que un grupo de arquitectos británicos había pedido boicotear una conferencia que debía dar Carlos, príncipe de Gales, en protesta por sus críticas al diseño moderno. En una carta abierta publicada el sábado 9 de mayo en The Guardian, nueve arquitectos pidieron a sus colegas que no asistieran a la conferencia que iba a tener lugar el 12 de ese mes en el Royal Institute of British Architects, en Londres.

Las opiniones conservadoras de Carlos, príncipe de Gales, acerca de la arquitectura son bien conocidas. Ha criticado el, a su juicio, desmesurado uso del acero y el vidrio en los proyectos arquitectónicos. La privilegiada posición que ocupa como Heredero al trono británico ha facilitado la difusión de sus particulares puntos de vista sobre la construcción contemporánea. Me alegro de que así sea. Como en el caso de la pintura -a la que por cierto también es muy aficionado- parece que, en muchos que piensan como él, exista el temor a expresar opiniones no políticamente correctas acerca de lo que bastantes consideramos atentados al buen gusto y no nos dejamos llevar por críticos paniaguados o subyugados por lo que podríamos llamar un “clientelismo artístico” al que aterra llamar las cosas por su nombre.

Siempre recordaré que en la visita que hace muchos años realicé a cierto museo parisino no podía creer lo que estaba viendo: un enorme cuadro cuyo lienzo estaba enteramente pintado de blanco y en cuyo centro se veía un punto negro. El título de la “obra de arte”: “cable visto de frente”. No sé si el adefesio aún permanecerá tomando el pelo a los visitantes, ocupando un espacio precioso en las salas de ese establecimiento. Y desconozco si algún valiente se habrá atrevido a ser diana de feroces críticas por quejarse de que tamaño esperpento cuelgue en las salas de un museo decente. Pero, c’est la vie. Siempre he creído que la obra de arte que precisa que se filosofe sobre ella en tediosos mamotretos de crítica artística no puede ser calificada así ni merece tanta atención.

Quién nos iba a decir que defender la armonía y la belleza de las formas arquitectónicas, en consonancia con la tradición y el paisaje, en búsqueda de calidad de vida, iba a ser signo de rebelión artística y manifestación de un pensamiento contracorriente. Pues así es. Cuando hace años el Príncipe de Gales calificó de “monstruoso carbunclo” un proyecto de ampliación de la National Gallery de Londres, los arquitectos se le echaron encima. Veían sin duda en las expresiones del Príncipe un peligro para sus encargos y una cortapisa a sus locuras creadoras. Lo mismo pasó cuando publicó un libro sobre el tema y criticó ciertos aspectos de la arquitectura moderna. Para contrarrestar tanto despropósito creó The Prince's Regeneration Trust y The Prince's Foundation for the Built Environment, que en 2001 absorbió The Prince of Wales's Institute of Architecture. Fundó el pueblo de Poundbury con diseños de Krier y son conocidos sus esfuerzos en Inglaterra, Canadá, EE UU y hasta en Rumanía, para conservar o recuperar edificios y monumentos históricos.

Ya era hora de que alguien con voz y peso en la sociedad defendiera la dimensión más humana de la arquitectura y la restauración de edificios históricos dentro de un desarrollo integrador y sostenible. Hay quien dice que como Príncipe Heredero no puede o no debe opinar sobre estas cuestiones. Se olvidan quienes así piensan que uno de los cometidos de la realeza es influir positivamente en la sociedad. Puede que la vida de Carlos de Inglaterra no haya sido siempre ejemplar, pero en asuntos de arquitectura sus puntos de vista pueden ayudar a que no se caiga en la locura y la destrucción y a hacer nuestras ciudades más habitables. Eduardo VII y Eduardo VIII siendo príncipes de Gales como él, “marcaron tendencias” en moda con sus trajes y chalecos uno y con sus nudos de corbata el otro. Viene bien que el actual Príncipe de Gales se ocupe de cosas más relevantes.

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