Domingo 24/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Pascua Militar y cumpleaños

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La tardanza de Zapatero en la Pascua Militar es gesto de dejación y de pereza.

La impuntualidad es gesto característico de quien va por la vida con una concepción de sí mismo de autosuficiencia rebosante. Que me esperen. La tardanza de Zapatero en la Pascua Militar es gesto de dejación y de pereza no ya porque se conoce al personaje sino porque tiene a su disposición viajar –pongamos- hasta en F18. Hace apenas mes y medio que Zapatero también se retrasó ante Angela Merkel, quien le puso la mejor cara de perro disponible. Al contrario que los reyes, ella no está obligada a la indulgencia con el presidente del Gobierno.

Hannover en la playa

Es posible que todavía se tarde varios siglos en normalizar la furia de la sangre de los Hannover. Es una fatalidad casi de raza, que en tiempos le llevó demasiado cerca de la barra de los bares y ahora le lleva a Tailandia, concretamente a Phuket, uno de los lupanares del mundo, notable sentina del turismo sexual. Es tanta la inconsciencia que parece lindar con el valor, aunque en él tiene su arraigo la costumbre de visitar países del tercer mundo, de playas doradas y carnes morenas –quien esto escribe se lo encontró desayunando en el mejor hotel de La Habana a la hora prudente de las doce de la mañana. Más allá de los acuciantes rumores de divorcio, sorprende la deportividad con que su mujer se toma sus paseos románticos a diez mil kilómetros.

72

El cumpleaños de don Juan Carlos ha venido convirtiéndose en una especie de gesto de felicidad institucional. Hoy podemos discutir que a los setenta y dos años uno sea viejo; en todo caso, el rey parece envejecer mucho mejor que otros borbones, como si en vez de envejecimiento conociera el lento añejar de un brandy que se va redondeando. Cumpleaños del rey, día para pasmarse de un destino que pudo haber sido mucho peor para él y mucho peor para España, pues el país y el monarca parecen autoestimas que van siempre conjuntas. Sí, destino benéfico de un Juan Carlos de Borbón que nació con las mismas esperanzas de reinar que Juan Carlos, el charcutero de la esquina.

Fabiola amenazada

La ancianidad tan suave de la reina de los belgas se ve súbitamente atropellada por misivas amenazantes –puramente vesánicas- de las que, en el mejor de los casos, no se habrá enterado en su letargo dulce. Alguna de las cartas de amenaza, en verdad muy explícitas, ha sido remitida desde España. Contraste de fiereza para una reina que siempre ha sido muy querida porque, entre otras cosas, ha sido muy discreta.

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