Miércoles 23/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Lord Mountbatten o la inutilidad de matar

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A 30 años del asesinato de Lord Mountbatten, tío de Isabel II de Inglaterra y del príncipe Felipe, Duque de Edimburgo, ¿de qué sirvió? De nada. Pero aunque hubiera servido para algo positivo, era ilícito llevarlo a cabo. No podemos ser maquiavélicos: el fin no justifica los medios, ni aunque el fin, cosa más que discutible en este caso, fuera lícito.

Hace poco a la productora de televisión Below the Radar, se le encomendó la realización de un reportaje sobre el 30 aniversario del asesinato, por parte del IRA, de Lord Louis Mountbatten, tío de la Reina Isabel II y de su marido, el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo, y primo hermano de la reina Victoria Eugenia de España. El documental “Mountbatten: Return to Mullaghmore” está dirigido por Trevor Birney y producido por Michael Fanning. Incluye entrevistas a Margaret Thatcher y a John Maxwell, padre del adolescente asesinado que trabajaba en el yate donde Lord Mountbatten murió.

En efecto, el 27 de agosto de 1979, el Muy Honorable Louis, Conde Mountbatten de Birmania -nacido como Su Alteza Serenísima el príncipe Louis de Battenberg-, y su nieto Nicholas Knatchbull –hijo de catorce años de su hija mayor- fueron asesinados por la explosión de una bomba. Mountbatten, ahora enterrado en Romsey Abbey, solía veranear desde hacía tres décadas en su casa de Mullagmore, condado de Sligo, en la costa noroeste de Irlanda. La cercana población de Bundoran era un destino popular entre los voluntarios del IRA. El día de su muerte, Lord Mountbatten había salido a navegar en su barco de madera de 10 metros de eslora, el Shadow V, que estaba atracado en el pequeño puerto de Mullaghmore. Un miembro de la banda terrorista, Thomas McMahon, detenido en noviembre de ese año y encarcelado hasta 1998, colocó una bomba en su casco que accionó por control remoto. Otros fallecidos en el atentado fueron Paul Maxwell, un joven de quince años que trabajaba en el yate, y la baronesa Brabourne, la suegra de 83 años de su hija mayor, que falleció al día siguiente a causa de las heridas. Sobrevivieron los padres de Nicholas, Lord John y Lady Patricia Brabourne, y su hermano gemelo Timothy, aunque con graves daños.

Coincidiendo con este aniversario, Timothy –actualmente residente en Estados Unidos y realizador de documentales de Discovery Channel- ha escrito este año sus memorias sobre la tragedia, en las que perdona al IRA. Su familia está dividida acerca de la oportunidad de la publicación en la editorial Hutchinson de “From A Clear Blue Sky”. Debía aparecer el próximo 27 de agosto, aniversario del asesinato, pero se ha aplazado una semana. El hermano mayor de Timothy, Norton, Lord Brabourne y heredero del título de Mountbatten, no está muy de acuerdo con remover el pasado, mientras que su madre le apoya.

La larga carrera de Lord Mountbatten le llevó a ostentar cargos de primera importancia en el Imperio Británico, como el de virrey de la India y luego primer gobernador general de la India independiente, primer lord del Almirantazgo y jefe del Estado Mayor de la Defensa. En relación con Irlanda el famoso almirante manifestaba privadamente su deseo de una Irlanda unificada. El 11 de abril de 1972 dijo al embajador irlandés en Londres, Donal O’Sullivan, durante una cena dada por la Reina en Windsor, que sería feliz en poder ayudar a asegurar una paz duradera. Así, en diciembre de 2007 se supo gracias a documentos conservados en los National Archives que Lord Mountbatten pensaba a principios de los años 70 que se llegaría a una reunificación gracias a los acercamientos del primer ministro británico Edward Heath a Irlanda del Norte.

¿Se le asesinó por ser un príncipe –a pesar de que ya no ostentara esa dignidad- o por ser un militar destacado y un miembro del Cámara de los Lores al servicio del Reino Unido? A mi juicio, reunía ambas condiciones y eso le hacía una diana adecuada para sus asesinos. Tanto la realeza británica como el ejército de Su Majestad representaban para los independentistas irlandeses lo más odiado. Con su muerte, causaban dolor no sólo a la familia real –especialmente al príncipe Carlos, del que era mentor-, sino a la milicia –es decir a las “fuerzas de ocupación”- y, por ende, a todo el Estado. Un golpe de efecto tramado con alevosía que consiguió el impacto mediático que buscaba. Pero, ¿sirvió para algo más?: no. Y, si hubiera servido de algo ¿habría sido lícito?: tampoco. Nunca se puede afirmar que cum finis est licitus, etiam media sunt licita. Y está por discutir que el fin, en este caso, sea lícito. El libro de Timothy habla de perdón y se pregunta del por qué unos seres humanos inflingen dolor a otros. Creo que hablar de eso siempre es oportuno. Mirar hacia atrás debe servir para aprender y… aplicar luego lo aprendido.

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