Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Harry: ¿Un príncipe en peligro?

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La misión en Afganistán del príncipe Enrique de Inglaterra ha incrementado su popularidad y diluido su imagen frívola pero, ¿a qué precio?

Cuando la reina Isabel II de Inglaterra le dijo a su nieto al príncipe Enrique (Harry) que iba a cumplirse su sueño de ir a servir en plena guerra, no imaginaba quizás las consecuencias que tal decisión ocasionaría. Para unos es inconcebible que no se haya mantenido informada a la opinión pública de que el tercero en la línea de sucesión al trono estaba poniendo en peligro su vida en Afganistán. Para otros, el hecho de que eso haya salido a la luz va a suponer la necesidad de un cuidado suplementario y –como consecuencia- de un gasto extraordinario en la seguridad del segundo hijo del Príncipe de Gales.

Dicen que se aburría en Windsor, que prefiería estar lejos de la prensa y que necesitaba poner en práctica lo aprendido en Sandhurst y pasar a la acción junto a sus compañeros; su afán por vivirla fue frustrado ya el pasado año cuando no fue enviado a Irak a mandar una unidad blindada de doce hombres por considerar que sería blanco fácil de un ataque. De hecho hay quien piensa que permitir que haya ido a Afganistán, de donde ha regresado ahora muy a su pesar, ha sido como la “zanahoria” que intentaba impedir que cumpliera su amenaza de dejar el ejército. El príncipe Harry es el subteniente Wales del regimiento Household Cavalry. La cuestión está en saber si es conveniente o no que un príncipe real, tan cercano al trono, se ponga a tiro de ese modo. No cabe dura de que el rédito para el príncipe es su ganancia en popularidad, al descender al terreno junto a sus compañeros. Harry Wales, “Widow Six Seven” en las comunicaciones por radio, ha pasado de ser llamado “Dirty Harry” por sus peculiares diversiones a ser “Harry the Hero”, reforzando los lazos de la monarquía con su pueblo. Pero, ¿a qué precio?

La tradición de servicio en guerra de la Familia Real Británica está muy enraizada. Su tío el príncipe Andrés, duque de York, luchó en las Malvinas en 1982 como copiloto de uno de los helicópteros del portaviones Invencible. Su abuelo el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, tomó parte en la Batalla de Creta en 1941 a bordo del Valiant y en la del Cabo Matalan y fue condecorado en Inglaterra por sus servicios en la Royal Navy y en Grecia –de cuya Casa Real fue príncipe- con la Cruz de Guerra al Valor. Su abuela trabajó como conductora en el Servicio Auxiliar Territorial, cuerpo femenino del ejército, durante la Segunda Guerra Mundial.

Por su parte, el príncipe Jorge, duque de Kent, hermano de Jorge VI, perdió la vida en 1942 siendo piloto de la Royal Air Force. El príncipe Mauricio de Battenberg, nieto de la Reina Victoria y hermano de la Reina Victoria Eugenia de España, fue muerto a los 23 años –la misma edad de Harry- en acción de guerra, en octubre de 1914, durante la batalla de Ypres. Íntima amiga de la Reina Victoria era la emperatriz Eugenia de Francia que, viviendo exiliada en Inglaterra vio como su único hijo el Príncipe Imperial perdía la vida en África a manos de los zulúes mientras servía en el ejército británico. Fue a Zululandia también, como Harry, porque necesitaba acción.

Fray Antonio de Guevara decía en 1529 en su “Relox de Príncipes o Libro áureo del emperador Marco Aurelio” que éstos, “las más vezes tan estragados y tan perdidos quedan de una guerra, que tienen después que pagar toda su vida”. El “pago” de que hablaba el famoso escritor franciscano renacentista podría ser, en el caso del príncipe Harry, ser diana de los talibanes y de al-Qaida aunque, como él mismo declaró, estar en el punto de mira es habitual en los miembros de la Familia Real.

Los insurgentes ven a la Reina de Inglaterra y Cabeza de su Iglesia como la líder de una cruzada antimusulmana. El secreto con que se mantuvo la participación del príncipe Harry durante diez semanas en la misión en Helmand, al sur de Afganistán, fruto de un pacto de silencio entre las Fuerzas Armadas, los medios británicos y algunos internacionales, tenía a mi juicio una evidente función protectora. No obstante, los talibanes planeaban capturar al príncipe –un gran pez, para ellos- antes del final de su misión, según declaró a Newsweek el vice-comandante talibán Mullah Abdul Karim. Por suerte, eso no ocurrió, pero si vuelve a zonas similares… ¿sucederá? Y si no vuelve, ¿hay que temer por su vida? Es militar, sí, pero ¿es conveniente, no sólo por su seguridad sino por la de quienes le rodean, que ejerza su profesión en zonas como Afganistán, donde –por cierto- quiere volver? Yendo a aquel país hizo lo que deseaba pero, ¿es adecuado que un príncipe real haga siempre lo que desea? Ha estado en peligro pero, ¿no lo había estado y lo estará también en Inglaterra? De lo que no cabe duda es que el Príncipe de Gales ha respirado aliviado al verle sano y salvo en casa.

El Ministerio de Defensa británico ha manifestado que el príncipe Guillermo también irá a servir fuera de su país, seguramente en un navío de la Royal Navy. Y ya se habla del Atlántico Sur, del Golfo Pérsico, del Océano Pacífico o de las Indias Occidentales. Esperemos que se elija bien el lugar y el momento…