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Tribuna Libre

Georgia: ¿conviene una monarquía?... ¡Sí!

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El príncipe David Bagration de Mukhrani, que vive en Tbilisi y goza de la nacionalidad georgiana desde 2004 a pesar de haber nacido en España, es el actual Jefe de la Casa Real de Georgia y se ha convertido en una opción de estabilidad y afirmación de la identidad nacional en las presentes circunstancias de su país.

En medio de una guerra en la que Georgia está queriendo defender íntegra su soberanía e identidad nacional frente al coloso ruso y combatir los intentos secesionistas alentados por él de algunas partes de su territorio –en Abkhazia y Osetia del Sur-, está tomando fuerza de modo creciente una posibilidad que se viene fraguando hace años: la restauración de la monarquía en la antigua familia de los Bagration. Hay quien piensa que llevar a cabo ese cambio sería beneficioso para reafirmar la identidad del país y lograr unión y estabilidad. Ya antes de la invasión rusa, se hablaba de esta posibilidad que ahora toma cuerpo de un modo más evidente.

El anterior Jefe de la Casa Real de Georgia, el príncipe Jorge Bagration de Mukhrani, “de iure” rey Jorge XIV, era amigo del rey Don Juan Carlos. Doce veces campeón de España de rallies, se le recuerda por haber sido gran deportista y buen amigo de sus amigos. Desde 1982 dirigió las relaciones públicas de Fiat-Lancia. Contrajo matrimonio dos veces. Primero con Mercedes Zornoza y Ponce de León, de la que tuvo tres hijos: María Antonieta, Irakli y David. Y luego con Nuria Llopis Oliart con quien tuvo un tercer hijo varón, Ugo. Fallecido Jorge en Tbilisi el 16 de enero de 2008, es uno de sus hijos, el príncipe David, el que ha tomado el relevo -por decisión de su padre- como heredero dinástico y cabeza del Consejo de Familia.

Los Bagration afirman descender en línea directa de un hermano de San José, aunque sus orígenes probados se remontan "sólo" al siglo VIII, año 711. En el siglo XIX una princesa Bagration se tomaba tan en serio esta pretensión que consideraba los oficios de Viernes Santo como verdaderos funerales de familia. En el siglo XII-XIII con la reina Thamar, que reinó de 1184 a 1212, Georgia alcanza su apogeo. En 1799 el rey Jorge XII negoció un tratado con el emperador Pablo I de Rusia y dos años después se anexionó Georgia al imperio ruso. Sin embargo, los georgianos siempre se sintieron tales y diferentes del resto del Imperio y lucharon por su identidad frente a mongoles, turcos, persas y rusos.

La descendencia de Jorge XII, último soberano de Georgia, se extinguió en 1928. Pero de una de las ramas –la principal- del linaje de los Bagration, los Mukhrani -que reinaron en parte de la actual Georgia- descendía el citado príncipe Jorge. Era hijo del príncipe Irakly y de su primera esposa la condesa italiana Maria Antonietta Pasquini. Irakly era hermano de la gran duquesa Leonida, viuda del anterior Jefe de la Casa Imperial Rusa, el gran duque Wladimiro Kirilovitch de Rusia. En 1983 éste dio a conocer una carta que había escrito en 1946 a raíz del segundo matrimonio de Irakly, padre de Jorge, con la infanta Mercedes y que decía: "Después de un largo y minucioso estudio de la historia de Georgia, se considera justo y útil reconocer la dignidad real a los Bagration”.

Sin embargo, la situación dinástica no ha sido fácil. Además de que la condición soberana de los Bagration ha estado mucho tiempo en tela de juicio -recordemos por ejemplo que no figuraban en el Almanaque de Gotha- los derechos dinásticos del príncipe Jorge fueron discutidos por sus hermanos Bagrat y María Paz -hijos del segundo matrimonio de su padre con la infanta Mercedes de Baviera y Borbón, nieta de Alfonso XII-, hecho que quedó agravado porque las leyes dinásticas de Georgia no contemplan el derecho de primogenitura. En este caso era la princesa María Paz la que reivindicaba su derecho al trono por encima del de sus dos hermanos.

El código del rey Wachtang VI decía que: "Cuando muere un príncipe, dejando hijos e hijas, todos sus bienes son divididos en partes iguales y el hijo mayor tiene el poder. Pero si entre los otros hijos o hijas, hay uno más digno, más hábil o más sabio, es ese el que ocupará el trono de su padre. Esa es nuestra ley". Se convertía así la monarquía georgiana en electiva o –por ser más exacto- “designativa”. Antes de morir, el príncipe Jorge eligió a su tercer hijo, el príncipe David, preteriendo a sus hermanos mayores, María Antonieta e Irakly, por entender que cumpliría más acertadamente con los deberes de Jefe de la Casa Real. Nunca han sido las monarquías electivas factor gran estabilidad. Recordemos los casos visigodos, de Polonia, de Dinamarca en parte de su historia, etc. Y quizás habría que pensar en cambiar en la siguiente generación de príncipes georgianos esa tradición, aún a sabiendas de que tal cambio supondría una ruptura con la costumbre, a favor de una más ordenada sucesión dinástica. Pero en el presente, los derechos del príncipe David parecen claros a la luz del citado código.

Cuando cayó la Unión Soviética y se declaró la independencia de Georgia, una de las primeras ideas fue la restauración de una monarquía y que ésta fuera constitucional y parlamentaria. Se tomó tan en serio la propuesta que, en 1991, el presidente del Parlamento hizo una visita al príncipe Jorge en su casa de Puerto Banús y le anunció la restauración de la monarquía en su persona para antes del fin del siglo. Sería Jorge XIV (saltándose el XIII por considerarla una cifra de mal agüero). Sin embargo, en 1992 representantes del Partido Nacional Democrático y del Partido Monárquico de Georgia, se reunieron, además de con Jorge, con sus hermanos Bagrat y Paz. En esos años el primer embajador de Georgia en España Gotza Tchogovadze, acompañó al príncipe Jorge a una emocionante visita al panteón de reyes de El Escorial. En 1995 el príncipe Jorge realizó una visita a Georgia, acompañado por las grandes duquesas María y Leonida de Rusia y del gran duque Jorge. En aquella ocasión, el presidente Eduard Shevardnadze le llegó a decir: "Monseñor, estáis en vuestra casa. Necesitamos a la Familia Real para mantener la unidad del país". En esos momentos se hicieron encuestas sobre la posibilidad de una restauración monárquica. Los resultados variaban mucho de uno a otro. Uno de ellos reconocía que un 50% de la población deseaba una monarquía. Sólo el 29% se oponía a ella. Últimamente los partidos de oposición han adoptado el lema "Georgia sin un Presidente”.

Los actuales partidarios de la monarquía en Georgia citan el ejemplo español y se inspiran en la figura de Don Juan Carlos, aunque miran con interés el modelo monárquico británico. El príncipe David, que a pesar de haber nacido en España habla georgiano y vive en Tbilisi, cuenta con el pleno apoyo del jefe de la Iglesia Ortodoxa Georgiana, el catolicós-patriarca Illia II, que el 7 de octubre de 2007, durante un servicio religioso en la catedral de la Santísima Trinidad, pidió públicamente la restauración de la monarquía como “el sueño deseable del pueblo georgiano". El tema fue debatido en el parlamento. La situación del actual presidente georgiano, Mikheil Saakashvili, hace difícil que su país se aglutine en torno a su figura como símbolo de la identidad nacional. El suyo fue el único partido en Georgia que se opuso a una restauración monárquica. En estos momentos de sufrimiento el pueblo mira a la Iglesia que es plenamente monárquica. Y debería mirar también al príncipe David como una oportunidad de renovación y de afirmación de la soberanía e identidad de Georgia. El hecho de que la monarquía georgiana fuera abolida por Rusia hace algo más de 200 años, añade un factor más de reafirmación nacional en las presentes circunstancias. Se podría ver, por tanto, al que sería David XIII como una posibilidad real para las necesidades de Georgia.