Martes 26/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Corinna zu Sayn-Wittgenstein, fuera de control

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El 28 de febrero pasado escribí en este lugar una columna con ese mismo título, apuntando que la amiga entrañable del rey como ella misma se define, se hallaba fuera de control. Es decir, que no estaba 'controlada'.

Comenté entonces las declaraciones que había hecho a El Mundo, continuadas con otras en Hola (con ecos además en Paris Match y La Vanguardia), a lo que se añadieron cortas apariciones en Cuatro y Antena 3.

Me remito a los argumentos que aporté en aquella columna, que por tanto no repetiré, aunque remarco las alusiones que ella hizo a su discreción y a la posibilidad de "encontrar soluciones": apunté que podríamos estar asistiendo a un oculto intento de presión por parte de Corinna, que tal vez estaba buscando garantizarse el futuro para el resto de sus días.

Las apariciones de febrero incluían un comentario suyo en el sentido de que "esperaba y confiaba" en que esas serían sus últimas declaraciones. Bueno, pues no ha ocurrido así. Corinna ha vuelto a aparecer.

Vanity Fair, una de las revistas más leídas en Estados Unidos, acaba de publicar un amplio reportaje sobre don Juan Carlos, a partir de entrevistas con personas del círculo íntimo del monarca y con algunos otros personajes. Y entre los protagonistas figura Corinna, quien, por lo visto, al enterarse de que estaban escribiendo acerca de ella, se ofreció a conceder una entrevista.

Sobre si tiene contacto con el rey, afirma: "Sí. Somos buenos amigos. Algunas personas no entienden que hay cosas que suceden y acaban en un momento dado. Pero la amistad no acaba. Él ahora es un anciano caballero que lucha con su salud, y creo que necesita toda la ayuda que pueda conseguir. La gente está esperando que algo grande suceda, de una manera u otra. Nada va a suceder, solo que él no puede ir de caza y yo no voy a ir a España. Nos mantenemos en contacto. Él llama a mis hijos una vez por semana para ver cómo les va. Se comporta como usted y yo nos comportaríamos con un amigo".

Sostiene también que nunca ha hecho negocios para el rey o recogido dinero en su nombre, insiste en su gran respeto por el rey y el príncipe Felipe, y habla de la reina: "Me encontré con ella una vez, por accidente". Y a la pregunta sobre cuándo fue la última vez que estuvo en España responde: "En diciembre del año pasado, y no pienso volver porque no sería muy apropiado o muy inteligente".

Lo llamativo de esas declaraciones no es tanto su contenido, que por supuesto no hace ningún favor a don Juan Carlos sino todo lo contrario, cuanto el hecho mismo de la reaparición de Corinna. Ahí está lo importante.

Si ha dado el paso de volver a ser protagonista, hay que deducir que con ella no se han conseguido las garantías básicas de discreción y silencio que serían de desear, dadas sus intensas relaciones con el rey de España.

Parece obvio que el asunto no está atado. Y, por tanto, que Corinna sigue fuera de control. Con los evidentes y graves riesgos que ello significa. Cabría concluir que alguien no ha hecho bien su trabajo.

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