Domingo 20/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Cambios históricos en las monarquías tradicionales de África

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Hace unos meses, un enfermero africano que estaba empleado en un geriátrico de los Estados Unidos fue coronado Rey de Mumbere, uno de los reinos tradicionales que componen la República de Uganda, país que mantiene vivas las tradiciones monárquicas del pasado con monarcas que representan la historia y las costumbres más valiosas de la tierra y las tribus que gobiernan.

Hay reyes en las regiones de Toro, Busoga, Ankole, Bunyoro, Buganda y Rwenzururu, y reciben la reverencia, y el respeto de las poblaciones de las tribus que yacen bajo su corona. Sus reyes, sin embargo, carecen de poder político alguno. Presiden las ceremonias religiosas y festividades más importantes de sus tribus, reciben palacios, personal y dinero del Estado, pero el único papel político que pueden llegar a representar es el de aconsejar al presidente de Uganda sobre temas concernientes a sus respectivas tribus.

Las monarquías tradicionales ugandesas fueron abolidas en 1967 por el sanguinario dictador Idi Amin, y solamente tras el retorno de la democracia, en 1993, fue cuando presidente Yoweri Museveni decidió restaurar a sus reyes en el trono. Actualmente, el más famoso de los soberanos ugandeses es un jovencito que todavía no cumple veinte años, Rukidi VII de Toro, que es el rey más joven del mundo según el Libro Guinness y fue coronado recientemente en una colorida y elaborada ceremonia. Este año, el Gobierno ugandés ha decidido restaurar una monarquía más, la del reino de Ruwenzururu, y mandó llamar al heredero del Trono, Charles Mumbere, que trabajaba como enfermero en un geriátrico de los Estados Unidos, para hacerse cargo del cetro de sus antepasados y ser coronado rey por su pueblo. Charles Wesley Mumbere vivió durante 24 años en Pensilvania sin contarle a nadie sobre su sangre azul. Como rey, se le entregó una corona y un manto multicolor, las reverencias de todo el pueblo, un lujoso coche y un palacio digno, pero Mumbere, como sus colegas ugandeses, no tiene ningún poder real y ni una sola responsabilidad más que la de ser guardián en el tiempo de la tradición, la religión y la idiosincrasia de su pueblo.

A quienes parece no irles tan bien es a los reyes de las monarquías tradicionales de Sudáfrica, cuyo el Gobierno ha anunciado que seis de sus trece reinos tribales no recibirán en el futuro el reconocimiento oficial de la Nación, y los actuales monarcas no serán sucedidos a su muerte por su heredero, sino de automáticamente su estirpe perderá el poder simbólico y tradicional que le confieren las leyes sudafricanas. Existen en Sudáfrica monarquías tradicionales, que rigen simbólicamente sobre determinadas regiones o tribus, manteniendo en el tiempo las costumbres tribales y ostentando el monarca un innegable poder simbólico, pero no político.

En efecto, algunas de estas monarquías fueron creadas con el objetivo de dividir al pueblo sudafricano durante el apartheid, época en la cual el régimen apoyaba estructuras de poder existentes a cambio de apoyo al gobierno. La clase dominante blanca había decidido crear territorios llamados bantustanes, adjudicándoselos a diferentes grupos étnicos y sus líderes. Sin embargo, estos “países” nunca tuvieron reconocimiento internacional. Las regiones fueron suprimidas luego de la caída del apartheid, en 1994. Ahora, a las seis monarquías que desaparecerán no se las acusa de colaborar con el apartheid, y según el presidente sudafricano, Jacob Zuma, con la medida se intenta “disminuir las tensiones históricas entre líderes rivales”. Al mismo tiempo, se trata de una medida de ahorro: anualmente, todos los reyes reciben una subvención estatal.

Los actuales monarcas sudafricanos sólo desempeñan funciones ceremoniales, y carecen de poder político. Entre los monarcas que sí se mantienen se encuentra la del rey zulú Goodwill Zwelithini, descendiente del legendario rey Shaka, y el monarca xhosa Zwelonke Sigcawu, que representan a los dos principales grupos de la población. El primero es conocido principalmente por el festival de la “Danza de la caña”, que se celebra todos los años, y considerado como el más representativo de los monarcas tribales. En esta tradición, miles de vírgenes zulúes, con el torso desnudo, traen cañas del río, y las llevan en fila al rey.

Entre los reyes que no perderán su trono y su influencia política se encuentra también el rey Buyelekhaya Zwelibanzi Dalindyebo, del ancestral clan AbaThembu, que causó conmoción el año pasado al instar a la mitad del país, incluyendo a la ciudad de Johannesburgo, a que se escindiera de Sudáfrica. Previamente, Buyelekhaya había sido condenado a 15 años de prisión por, entre otros, homicidio involuntario, delito de incendio y violencia. Los demás monarcas cuyos reinos permanecerán en pie serán Zanozuko Sigcawu, Rey de AmaMpondo, y Victor Sikhukhune, Rey de Bapedi Ba Maroteng. En otras dos monarquías, el actual monarca será depuestos: el rey de Amamapondo será remplazado por el príncipe Zanozuko Sigcawu, y el de Limpopo por Victor Thulare. Mientras tanto, los monarcas que serán depuestos son: Lekunuto Cavandish de Batlokwa Ba Mota, Thokwane de Bakwena baMopeli, Bangilizwe de AmaRharhabe, Ndamase de Amampondo ase-Nyandeni y Mbusi de Ndzundza Mabhoko. El Rey de AbaThembu, otro reino abolido, ha muerto recientemente, y su trono quedó vacío para siempre.

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