Martes 22/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Boda Real Británica: ¿Princesa Catherine o Duquesa de Cambridge?

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Una de las cosas que más intriga a estas horas a los ingleses -sea el público general o al periodismo, a los historiadores o especialistas en la realeza- es el título que recibirá el príncipe Guillermo al momento de su boda con Kate Middleton.

Por tradición, los hijos del monarca inglés y los hijos primogénitos del príncipe de Gales siempre reciben un título ducal, generalmente en el momento de su matrimonio. Esto sucedió, por ejemplo, hace 118 años cuando el príncipe Jorge –hijo de los príncipes Eduardo y Alejandra de Gales- contrajo matrimonio con la princesa May de Teck y la reina Victoria –abuela de Jorge- le dio el título de Duque de York.   El gran interrogante ahora es saber cuál es el título que Guillermo compartirá con su mujer. Los ducados más tradicionales, como los de York, Kent y Gloucester, ya están ocupados por el príncipe Andrés y dos primos de Isabel II, respectivamente. Algunos otros (Cambridge, Sussex, Cumberland, Clarence o Albany) guardan connotaciones realmente negativas, como las que veremos a continuación. Otros ducados sugeridos para William son los de Connaught, Kendal, Avondale, Strathearn y Teviotdale.   El Ducado de Cambridge   Un amplio grupo de genealogistas y expertos coincide en que el príncipe Guillermo pueda recibir finalmente el Ducado de Cambridge, un título inmaculado y exento de malas contaminaciones históricas. Además, lo enlaza con su propia historia, debido a que este título lo utilizó su antepasado el príncipe Adolfo, hijo de Jorge III.   Poco se sabe de este robusto príncipe aparte de que vivió la mayor parte de su tiempo en Hannover. Permaneció soltero hasta los 44 años, pero tras la súbita muerte de una sobrina comenzó a preocuparle la precaria situación dinástica vivida en su familia. Fue entonces que tanto él como sus otros hermanos solterones (Guillermo y Eduardo) buscaron esposa rápidamente, con el propósito de engendrar el tan ansiado heredero del trono.   Su hijo mayor, el príncipe Jorge, heredó el título a su muerte, en 1850. Tres años antes, se había empecinado en casarse con una hermosa plebeya, Sarah Louisa Fairbrother, una mujer que no era, en ningún sentido, la esposa adecuada para un príncipe: hija de un criado en Westminster, se había labrado cierta fama como actriz y ya tenía dos hijos ilegítimos con dos hombres distintos cuando inició su relación con George, de quien tendría otros dos retoños antes de celebrarse su boda clandestina.   El casamiento provocó un serio quebranto en el orgulloso de la Familia Real, pero, pasado el escándalo, todo se iría asentando gracias a la tolerancia de la reina Victoria. La esposa, sin embargo, fue condenada al ostracismo para siempre por la familia real, y nunca fue reconocida por la Corte como esposa del duque.   El Ducado de Sussex   El príncipe Augusto Federico, Duque de Sussex, fue el noveno de los 15 hijos de Jorge III. Se enamoró locamente de una aristócrata: Lady Augusta (“Gossy”) Murray, hija del conde de Dunmore.   La pareja se casó secretamente en Roma y luego en Londres, en 1793, y concibió dos hijos. El matrimonio, sin embargo, fue declarado nulo, pues se había realizado sin el consentimiento real, pero el caprichoso Augusto continuó viviendo con Augusta como marido y mujer hasta separarse en 1801. A cambio, el Parlamento le dio una cuantiosa pensión y Jorge III le dio el título de Duque de Sussex y los agregados de Conde de Inverness y Barón Arklow, más un puñado de honores y privilegios.   A los 58 años volvió a enamorarse, de otra plebeya llamada Cecilia Buggin, y contra las leyes reales volvió a contraer matrimonio. La mujer nunca fue aceptada en la corte ni recibió el título o los honores de esposa de un duque, siendo llamada “Condesa de Inverness”, a secas. Sussex fue toda su vida el tío favorito de la reina Victoria, y fue él quién la condujo al altar el día de su boda con el príncipe Alberto.   El Ducado de Clarence   El ducado de Clarence data del siglo XV, cuando fue concedido al príncipe Jorge Plantagenet, ejecutado por traición a su hermano Eduardo IV, en 1478. Igual de especiales fueron las vidas de los últimos duques de Clarence engendrados por la familia real británica. El primero de ellos -Guillermo, hijo de Jorge III- subió al trono en 1830 con el nombre de Guillermo IV, tras 56 años de representar el papel de bufón en su familia, sobre todo, burlado por su incapacidad de procrear hijos con su esposa.   Había llegado a casarse con la princesa Adelaida de Sajonia-Meiningen (27 años menor) luego de una agitada carrera en la Marina Real y de una atrevida relación amorosa con una actriz irlandesa, Dorothea Bland, más conocida por su nombre artístico, Mrs. Jordan. Entre 1791 y 1811, Clarence y Dorothea tuvieron una decena de hijos, quienes no fueron príncipes ni duques.   El siguiente duque de Clarence fue el hijo mayor de Eduardo VII y nieto de la reina Victoria: el príncipe Alberto Víctor, sobre el cual ronda una leyenda negra. El doctor William Gull, médico de la familia real afirmaba que “Jack el Destripador” no era otro sino el duque de Clarence.   Libertino, bebedor, soltero empedernido, apasionado por el sexo, al joven duque le gustaba la cacería del ciervo y a pesar de que este pasatiempo era muy sanguinario el siempre vistió elegantemente. Otro indicio para acusarlo fue que le gustaba frecuentar prostíbulos todas las noches. La causa oficial de su muerte en 1892 (a la edad de 28 años) fue neumonía, aunque existen sospechas de que su temprana muerte se debió a la sífilis.   En las décadas de 1960 y 1970 algunos libros afirmaron que Alberto Víctor podría haber sido responsable de los crímenes del famoso Jack el Destripador, en 1888. No hay pruebas de ello, y los historiadores han descartado tales versiones. Por ejemplo, el 30 de septiembre de 1888, día de los asesinatos de dos de las víctimas, Elizabeth el príncipe estaba en el Castillo de Balmoral, en presencia de la reina Victoria y otros miembros de la familia real, siendo visto además por varios periodistas. A pesar de todo ello, numerosas hipótesis aun hoy acusan al príncipe.   El Ducado de Cumberland   Este título es reclamado por uno de los primos lejanos de la reina Isabel II, el príncipe Ernesto Augusto de Hannover, esposo de Carolina de Mónaco. Fue concedido en 1799 por el rey Jorge III a otro de sus hijos: Ernesto Augusto, antepasado del actual.   Durante toda su vida, este extraño personaje de la corte hannoveriana había sido para la reina Victoria un tío poco querido, malo y siempre molesto, en sus propias palabras, y a quien todos adjudicaban el deseo de destituir a su sobrina (incluso a través del envenenamiento) para hacerse con la Corona.   A decir de Lytton Strachey, Cumberland fue el hombre más impopular y repulsivo del país. Obeso e iracundo, fue protagonista de varios escándalos amorosos de turbia apariencia, y se llegó a decir que asesinó a uno de sus criados para robarle su dinero.   El título lo dejó Ernesto Augusto a su único hijo, Jorge, el rey ciego de Hannover, y de éste pasó hasta el actual Ernesto Augusto, quien reclama el título para sí a pesar de que en 1917 el rey Jorge V de Inglaterra firmó las leyes por las cuales privaba de todos los títulos y honores ingleses a aquellos parientes alemanes que hubieran estado involucrados en las fuerzas armadas alemanas durante la Primera Guerra Mundial.   El Ducado de Albany   Lo mismo sucedió con el Ducado de Albany. Este título (junto a los de Conde de Clarence y Barón Arklow) fue concedido por la reina Victoria al menor de sus hijos varones, el príncipe Leopoldo, en 1881, que heredó la enfermedad de la hemofilia de su madre. A su muerte lo dejó a su único hijo varón, al que no llegó a conocer: el príncipe Carlos Eduardo (“Charlie”).   Años más tarde, Charlie recibió como herencia de parte de un tío el gobierno del Ducado de Sajonia-Coburgo (Alemania), gobernando allí algunos años y donde se germanizó completamente, haciéndose gran partidario del káiser alemán y luego de Hitler.   En 1917 el rey de Inglaterra le quitó el ducado de Albany, y un año más tarde fue desposeído de su ducado alemán a raíz de la caída del Imperio Alemán. Charlie se afilió a todo movimiento de extrema derecha que fue apareciendo con el paso de los años, y tiempo más tarde se implicó en forma directa en la jerarquía del partido nazi, mostrándose en distintas ceremonias con la cruz esvástica en el brazo. Para Hitler, el duque fue una pieza clave dadas sus relaciones de sangre con la casa real británica y especialmente por su amistad con Eduardo VIII.   Tardó mucho en darse cuenta de su enorme error y del costo que él y su familia debieron pagar. En 1945, finalizada la guerra, era un hombre arruinado, aquejado por horribles enfermedades. Estuvo en un campo de prisioneros, donde hizo frente a durísimas condiciones de vida. La comida era escasa y se cuenta que los prisioneros añadían pasto para mejorar la sopa.   Liberado en 1946, fue clasificado en la categoría cuatro por el tribunal de desnazificación y multado con una enorme suma por su permanencia al partido nazi. Estaba muy enfermo para asistir al juicio y murió de cáncer en 1954.

Darío Silva-D'Andrea

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