Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna Libre

Alberto II y la unidad de Bélgica

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El soberano ha pedido a tres políticos muy veteranos que le asesoren para afrontar la situación que vive el país.

En la tarde del pasado 14 de julio, cerca de la fiesta nacional de Bélgica que recuerda la jura de la constitución realizada por Leopoldo I en 1831, el primer ministro belga Yves Leterme, cristiano-demócrata, se sintió incapaz de alcanzar un acuerdo entre partidos flamencos y valones sobre la reforma de las instituciones del Estado que debería haber sido sometida al Parlamento el 15 de julio, y ofreció al Rey la dimisión de su gobierno. El presidente de los liberales flamencos, Bart Somers, había declarado que era imposible un acuerdo para el 15 de julio.

El rey Alberto II, como jefe del Estado, podía haber aceptado la dimisión del jefe del Gobierno -que llegó al poder a fines de marzo con el objetivo principal de realizar dicha reforma-,  haberla rechazado, o haberla dejado en suspenso unos días para evaluar la situación política. En un lacónico comunicado del soberano publicado el martes 15 de julio por la mañana, indicó que se reservaba la decisión y mantenía en suspenso la aceptación de la dimisión. Según algunos, Alberto II intentaba así convencer al primer ministro para que se mantuviera en su puesto. O bien podía significar que aún no había encontrado sustituto y deseaba continuar las consultas. Sin embargo, el jueves 17 de julio Alberto II rechazó la dimisión del primer ministro.

Parece haber un consenso generalizado en una sola cosa: la no conveniencia de realizar elecciones anticipadas. Hace un año el país fue a las urnas pero sólo ha tenido cien días de gobierno efectivo bajo la dirección de Leterme, que es jefe de los democristianos flamencos y que encabeza un gobierno de coalición entre flamencos del norte y socialistas valones del sur, cristiano-demócratas, liberales y socialistas. Los partidos francoparlantes se oponen a dar más poder a las regiones, es decir a descentralizar más el gobierno, como proponen los flamencos, a pesar de que es ya el país europeo con más descentralización gubernamental.

Bélgica está actualmente dividida en tres regiones federales: los de habla flamenca en Flandes, es decir en el norte más próspero; los francoparlantes de Walonia en el sur, que tiene una minoría germanoparlante, y Bruselas, la capital, oficialmente bilingüe aunque en realidad es un enclave francoparlante en una zona de habla flamenca. En total hay unos 6,5 millones de lengua flamenca y 4 millones cuya lengua es el francés.

En la actualidad, el Estado federal tiene las competencias nacionales de justicia, defensa, policía federal, seguridad social, energía nuclear y política monetaria, mientras que los gobiernos regionales se ocupan de las políticas de educación, empleo, agricultura, transporte y medio ambiente. No existen partidos políticos, periódicos, radio o televisión estatales. El propio Leterme declaró que Bélgica como tal es un accidente de la historia y que sólo el Rey, el amor a la cerveza y al fútbol une a los belgas. Los flamencos lanzaron un mensaje a través del líder parlamentario de los democristianos flamencos (CD&V), Servais Verherstraeten que dijo «es el momento de que los francófonos asuman sus responsabilidades, la pelota está en su campo». El CD&V es el partido de Leterme y el principal responsable de su dimisión, porque ha mantenido el ultimátum del 15 de julio para que este hubiera logrado una reforma institucional.

En medio de esta difícil situación, el rey Alberto II ha tenido que presidir las celebraciones del 178 aniversario de Bélgica, con un Te Deum en la catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas y la parada militar siguiente, acompañado de las reinas Paola y Fabiola y los príncipes Felipe y Matilde. Hubo un concierto en el Palais des Beaux Arts y otros miembros de la familia real asistieron a actos similares en Brujas y Namur.

El domingo 19 de julio el Rey se dirigió al país en una locución televisada abogando por una reconciliación entre valones y flamencos, con mutuo respeto y tolerancia entre ambas comunidades. “Nuestro país está sufriendo serias dificultades políticas”, afirmó, añadiendo que estas situaciones de crisis son también oportunidades de mejora. No olvidó referirse a los problemas económicos y la subida de los precios. "Debemos inventar nuevos modos de vivir juntos en nuestro país”, dijo, apelando a la memoria de su hermano el rey Balduino. Habló de que Bélgica se enriquece con su esencia multicultural. El Cardenal Godfried Danneels se hizo eco del discurso regio en su homilía. El soberano ha pedido a tres políticos muy veteranos que le asesoren para afrontar la situación: dos líderes francófonos: François-Xavier de Donnea, de Bruselas, y Raymond Langendries de Valonia, y una lider de la pequeña comunidad germanoparlante, Karl-Heinz Lambertz. Deberán aportar sus ideas a finales del mes de julio.