José Castro, juez instructor del Caso Babel, ha hecho un flaco servicio al más famoso imputado en ese sumario, Iñaki Urdangarín. Supongo que no ha sido nada deliberado.
Sabido es que el magistrado tiene la potestad de regular cómo deben desarrollarse los trámites judiciales, y concretamente la toma de declaraciones.
El defensor de Diego Torres había solicitado que las comparecencias se grabaran mediante sistemas audiovisuales (toma directa de imagen y sonido). Y Castro lo concedió.
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