El abogado barcelonés Mario Pascual ha vuelto a actuar como portavoz de Iñaki Urdangarín.
Es la única voz que viene hablando públicamente en su nombre.
Sin entrar en sus habilidades jurídicas, sus cualidades como portavoz resultan a primera vista bastante limitadas. Y resulta lógico, porque no es su oficio.
Ni el lugar de las ruedas de prensa, en plena calle, ni el tono, ni los contenidos, están ayudando demasiado al duque de Palma.
Ha habido comentarios desafortunados de su parte, como aquella primera comparecencia en la que prácticamente culpó a la prensa de la situación del duque de Palma. No fue un buen comienzo.
Tampoco ha estado hábil ahora, cuando ha enfatizado que "se han pagado muchos impuestos, muchos". La pregunta no es cuánto ha pagado, sino la procedencia del dinero al que se han aplicado los impuestos.
Lejos de mí la intención de dar consejos, pero, dada la gravedad del problema que afronta, y teniendo en cuenta que el calvario apenas acaba de comenzar, a lo mejor Urdangarín tendría que plantearse una política de comunicación un poco más afinada, más profesional y más de fondo.
A lo mejor.
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