El maremoto que afecta a la familia real, a propósito de los escándalos de Iñaki Urdangarín, está afectando, y mucho, a todos sus integrantes. Nadie queda al margen. Y es lógico.
Que si se marcha a Londres, que si las fotos de Washington, que si no para de llorar en casa, que si pasó el fin de año completamente sola, que si acaba de publicarse un libro sobre las supuestas infidelidades del rey y las amarguras de doña Sofía... Demasiado, en mi opinión.
Ya sé que mi demanda no tiene la menor fuerza de convencer a nadie, pero me gustaría que dejaran en paz a la reina.
Doña Sofía lleva muchos años desempeñando con solvencia su papel, sin desentonar nunca de su condición, echando una mano aquí y allá, buscando soluciones con discreción, y creo que, ya en el tramo final, no se merece que la metan en el túrmix de los medios.
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