El acto tuvo lugar en el salón del trono del palacio arzobispal de Toledo. Estuvieron presentes, por parte de la Orden Constantiniana, además de su Gran Maestre, S.A.R. la princesa Doña Ana, Duquesa de Calabria, S.A.R. el príncipe Don Pedro de Borbón-Dos Sicilias, Duque de Noto, Gran Prefecto, don Carlos Abella y Ramallo, Embajador de España, Gentilhombre de Su Santidad, Gran Canciller, acompañado por su esposa doña Pilar de Arístegui y Petit, don José Ramón de Hoces y Elduayen, Duque de Hornachuelos, Presidente de la Real Comisión de la Orden para España, acompañado por su esposa doña Lourdes de Iñiguez y Nogales, Duquesa de Hornachuelos, don José María Finat y de Bustos, Duque de Pastrana, Auditor General, don Florencio Álvarez-Labrador y Sanz, Vice-Gran Tesorero y Secretario Ejecutivo, acompañado por su esposa doña Eloisa Márquez de Prado y Pérez, y don Amadeo-Martín Rey y Cabieses, Vice-Auditor General.
Asistió el General de División. don Adolfo Orozco López, Director de la Academia de Infantería y Comandante Militar de Toledo, y por parte de la Archidiócesis de Toledo estuvieron presentes Mons. Francisco César García Magán, Vicario Episcopal para la Cultura y las Relaciones Institucionales, Mons. José Antonio Martínez García, Vicario Judicial, Mons. Juan Sánchez Rodríguez, Deán de la Santa Iglesia Catedral Primada, y Mons. Santiago Calvo Valencia, Canónigo Arcipreste de la Santa Iglesia Catedral Primada.
Durante el acto, el Gran Canciller de la Orden, embajador don Carlos Abella, pronunció unas palabras en las que recordó diversos hitos de la historia de la Orden haciendo hincapié en su servicio a la Iglesia, defendiendo la Cruz y difundiendo la Fe, y recordando las sucesivas bulas papales y reconocimientos a la Orden por parte de la Santa Sede Apostólica. Tras la lectura por parte del Vice-Auditor General del decreto de otorgamiento de la gran cruz, el Gran Maestre se la impuso, a continuación de lo cual el Arzobispo de Toledo manifestó su sincero agradecimiento poniéndose a la disposición de la Orden para seguir sirviendo a la Santa Iglesia.
Amadeo-Martín Rey y Cabieses