Jueves 17/08/2017. Actualizado 19:14h

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El rey Hamad, un moderado modernizador

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Los problemas vienen de lejos, de los tiempos de la monarquía absoluta, pero la situación empezó a cambiar en 1999 cuando, tras la muerte del emir Isa, el rey Hamad prometió una reforma democrática y luego una nueva Constitución, firmada en 2002, y en 2005 se realizaron elecciones parlamentarias.

Décimo monarca de la dinastía Banu Utub Al-Jalifa, familia tribal surgida en el desierto árabe en el siglo XVII, el monarca nació en 1950 y recibió su educación en el palacio real de Riffa de la mano de profesores que le instruyeron en el Corán y los principios islámicos de la fe musulmana sunní, profesada por su familia, y a los 14 años partió a Inglaterra para seguir estudios académicos en Cambridge e iniciar la instrucción militar en las escuelas de Aldershot y Sandhurst.

Creció en una corte muy opulenta y rodeado de lujos. Quienes conocieron a su padre, afirman que tenía gustos costosos: era fanático de las carreras de camellos y en Londres poseía una de las mejores cuadrillas de caballos de sangre pura. Le gustaba apostar en los casinos de la Costa Azul, Montecarlo y Beirut, y como odiaba firmar cheques, viajaba con un ayudante que cargaba con un maletín lleno de billetes. En cada viaje, los empleados de los principales hoteles de Europa y Nueva York sufrían ataques de ansiedad cuando se enteraba que el emir había reservado habitaciones en los sitios donde ellos trabajan. Las propinas solían ser muy generosas.

Hamad, en cambio, es un hombre de carácter benigno, sobrio y para nada ostentoso. Ha sido el único estadista de la nueva generación de dirigentes árabes que ha emprendido reformas políticas efectivas y ha conducido hasta ahora una política exterior y económica que en buena parte es continuista de la de su padre.

El rey tiene derecho a nombrar o destituir a los miembros del Gobierno, y un buen número de príncipes de la familia ocupan 11 de los 23 ministerios. Un Parlamento semidemocrático, sin partidos políticos, y sometido a las reglas del juego dictadas por Palacio, una relativa libertad de prensa (salvo en lo relacionado a la familia real y la religión), el respeto de los Derechos Humanos y la tolerancia de la oposición política constituyen lo máximo que Hamad parece estar dispuesto a dar y preservar, lo cual, considerando la historia de absolutismos feudales en toda la región, podría parecer mucho.

Según el analista de la BBC, Bella Laws, “la imagen de Bahrein es un modelo de cómo la democracia puede evolucionar en el Medio Oriente, cuidadosamente fomentada por el gobierno de la familia Al-Jalifa”. El pueblo ya no opina lo mismo, y escribe la historia, repitiendo escenas que ya han sido vistas en Túnez y Egipto.- DARÍO SILVA-D’ANDREA

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