Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Otras Casas Reales

El corazón de la reina María se encuentra en una caja de plástico en el sótano del Museo de Historia de Rumanía en Bucarest

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

El corazón de la reina María, la más grande y querida soberana de Rumanía, no descansa en paz 70 años después de su muerte y sigue guardado en una caja de plástico en el sótano de un museo, tras haber sido expulsada la reliquia de los dos santuarios por ella erigidos.

Siete décadas después de su fallecimiento, el 18 de julio de 1938, leyes patrimoniales y disposiciones testamentarias hacen que el corazón embalsamado no esté en un lugar digno y sea objeto de disputa entre las autoridades y la Familia Real. La soberana fue en su época venerada por los rumanos por organizar los servicios médicos del frente y atender personalmente a los heridos en la Primera Guerra Mundial, por su gran contribución al logro de la unidad nacional y por su actividad literaria y protectora de las artes.

"Con el cuerpo descansaré en Curtea de Arges junto a mi querido esposo el Rey Ferdinand, pero deseo que mi corazón sea colocado bajo las losas de piedra de la iglesia que he erigido. Quiero que descanse entre las bellezas que he creado y las flores que he plantado", escribió la reina María en su testamento. Se refería a la capilla ortodoxa "Stella Maris", construida en los jardines de su palacio de Balcic, en la costa del Mar Negro actualmente en Bulgaria, donde efectivamente fue colocado su corazón en dos urnas de metales preciosos adornados de gemas.

Dos años más tarde, en 1940, cuando Balcic pasó a Bulgaria durante la Segunda Guerra Mundial, el Estado rumano repatrió la reliquia para llevarla a una capilla cercana al castillo Bran, entonces residencia estival de la familia real. "Balcic y Bran son mis casas de ensueño", había declarado la Reina. Pero tampoco allí el corazón encontró la paz. Los comunistas profanaron el sarcófago de mármol, trasladaron las urnas al Museo de Bran y después al Museo de Historia de Rumanía en Bucarest.

Nunca expuesto al público, el corazón yace ahora en una caja de plástico en el sótano de este museo, mientras que las dos urnas de metales preciosos se pueden ver entre las piezas del tesoro nacional. Artistas plásticos y críticos de arte rumanos que organizaron una exposición de pintura en homenaje a la reina María en la galería Elite Art de la capital del país, solicitaron una vez más que la reliquia sea llevada a un lugar digno en Balcic o Bran. "Tiene que reposar sea en Stella Maris de Balcic según el testamento, sea en Bran, ambas residencias muy entrañables a la reina María", señaló a Efe la crítica de arte Ruxandra Garofeanu, que valoró como una profanación la ubicación en el sótano del museo.

De la misma opinión se mostró el historiador Marian Constantin, que calificó la actual situación como un "sacrilegio". Miguel I solicitó oficialmente en 2006 el traslado del corazón de su abuela a Bran, pero debido a la nueva situación jurídica de este castillo, que tras ser devuelto a los herederos corre el riesgo de ser vendido a un extranjero, la familia real se ve ante un dilema.

La princesa heredera Margarita apuesta por que se respeten las disposiciones testamentarias de la reina María y que la reliquia vuelva a Stella Maris en Balcic, mientras que el rey Miguel declara que es una difícil decisión puesto que significaría sacarla fuera de su país. La asociación "Los amigos de Bran" y las autoridades locales de Brasov optan también por el retorno al castillo. El Ministerio de Cultura complica aún más las cosas invocando las leyes patrimoniales que no permiten exportar al extranjero bienes del tesoro de Rumanía -las urnas de metales preciosas-, al igual que la falta de seguridad en Bran.

En el Monasterio Curtea de Arges, necrópolis de los reyes y príncipes rumanos, se celebró el día 18 un réquiem por la reina enterrada allí al lado de su esposo Ferdinand. Estos días, una emisión filatélica en su honor y un coloquio científico organizado en Bran recuerdan la personalidad excepcional y el papel de la reina María en la historia de Rumanía.

María, nació el 29 de octubre de 1875 en Eastwell Park, en Gran Bretaña, como Maria Alexandra Victoria de Sajonia-Coburgo, hija del duque Alfred de Edimburgo y de la gran duquesa rusa María Alexandovna Romanov. Era nieta de la Reina Victoria de Gran Bretaña y también del zar Alejandro III de Rusia. Llegó a Rumanía a los 17 años en 1892 cuando se casó con Ferdinand I, el príncipe heredero y luego rey de Rumanía (1914-1927) y los dos fueron coronados en 1922 en Alba Julia (Transilvania) como reyes de la Rumanía unificada. Tuvo tres hijos y tres hijas, entre ellos el rey Carlos II. Escribió obras como "Durante la guerra mundial", "Pensares e iconos de la guerra", "La historia de mi vida", pero también obras de ficción como "La azucena de la vida" o "Enfant du Soleil".