Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:00h

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El príncipe Hubertus de Hohenlohe denuncia públicamente la manipulación de la herencia de su padre

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El 21 de diciembre de 2003 falleció a consecuencia de un cáncer de próstata el príncipe Alfonso de Hohenlohe-Langenburg, ahijado del rey Alfonso XIII, fundador del Marbella Club, rey de la jet-set europea y uno de los artífices del desarrollo de esa ciudad malagueña, por lo que se le concedió la Medalla al Mérito Turístico. Fue el verdadero promotor de la Costa del Sol y su cadáver fue velado en el ayuntamiento marbellí. Alguien dijo –con toda razón- que más que ser hijo adoptivo de Marbella, esta ciudad era su hija adoptiva.

Fue muy meritorio el modo en que el príncipe Alfonso labró su fortuna. Ya en los años 40 ganó mucho dinero en México cuando llevó la Volkswagen al país donde su abuelo materno, Iturbe, había establecido su vida. Llegó luego a Marbella, un pequeño pueblo de pescadores donde su padre Maximiliano de Hohenlohe-Langenburg había comprado la finca Santa Margarita, al borde del mar, por 120.000 pesetas. Max regaló a su hijo Alfonso una hectárea y en ella levantó un hotelito de 16 habitaciones sin pretensiones y con mucho encanto. El Marbella Club llegó a ser uno de los mejores hoteles del mundo y el príncipe fue vendiendo poco apoco a los árabes sus acciones en el hotel y a su vez fue vendiéndole al Marbella Club parte de su hectárea en aquella zona de la Milla de Oro, donde también estaba su casa.

Alfonso participó en todas las grandes operaciones financieras de Marbella, como la venta de la finca de los Parladé al magnate francés Henry Julien Gaston Roussel, suegro de Cristina Onassis, que luego compró Adnan Kashoggi. También animó a la construcción de Puerto Banús. La casa del Rey Fahd se hizo sobre terrenos de su cuñado, el hermano de Jackie Lane, gracias a Alfonso.

Ganó en cambio mucho dinero después de que un día que jugaba al golf en Guadalmina con el duque de Windsor le presentaron a un señor sueco que le dijo: «Acabo de sacar un coche que no conoce nadie, se llama Volvo y me gustaría que usted lo introdujera en España». Una de sus propiedades más queridas era una espléndida casa de estilo español en la Baja California. Pero su proyecto más querido fue la urbanización Lomas de Martín Miguel, en Sanlúcar de Barrameda, en la que invirtió toda su fortuna a lo largo de sus últimos 20 años, unos 1.000 millones de pesetas y de la que a su muerte era propietario del 60%.

Hasta el día de hoy su hijo el príncipe Hubertus y sus dos medio-hermanas no han recibido la herencia de su padre. Como es sabido, el príncipe Alfonso de Hohenlohe tuvo una variada vida sentimental: casó en primeras nupcias con la bella y jovencísima princesa Ira de Fürstenberg que le dio sus dos hijos varones, el mayor de los cuales falleció en Bangkok en lamentables circunstancias en agosto de 2006. El casamiento fue disuelto por divorcio en 1960 y, más tarde, en 1969 se dictaminó su anulación. Su segunda boda tuvo lugar en Las Vegas y fue con Jacqueline Lane, madre de su hija Arriana, casada en Marbella el 30 de junio de 2001 con Dennie Dixon Boardman. El príncipe Alfonso, tras divorciarse en 1985 de su segunda mujer, tuvo como novia, en 1987 a la periodista alemana Hidelgarde Shwaininger y casó en 1991 con Marilys Healing, que falleció en Ronda el año 2000. Pero fue con la ex modelo fotográfica suiza Heidi Balzer con quien tuvo a su segunda hija, Désirée, en 1980, estando aún casado con Jackie Lane.

En la emisión radiofónica “Desayuno en mi casa” de la radio austríaca Ö3 el príncipe Hubertus ha declarado: “Dado que mis hermanas viven en Nueva York y en Bélgica y que mi hermano Christoph –desgraciadamente- falleció, yo me ocupo de conseguir la herencia. En el curso de mi búsqueda me topé con algo increíble: a saber como hay gente que ha intentado abusar de mi padre cuando él ya estaba mal físicamente. Estoy muy decepcionado de esta actitud”.

En su entrevista con Claudia Stöckl, el llamado “pop-prince”, de 49 años, relató cómo –cuando Alfonso de Hohenlohe se entraba gravemente enfermo- se le intentó hacer firmar contratos sin que él supiera exactamente lo que estaba firmando. El príncipe Hubertus contó: “Una firma de vinos que produjo con mi padre el vino ‘Don Alfonso’ en la que él participaba al cincuenta por ciento, le hizo transferir en el último momento los derechos al nombre del vino. El nombre es la única cosa que cuenta. Antes, intentaron arruinarnos a través de un gran proyecto de construcción en nuestras tierras”. En efecto, los tintos de Burdeos que plantó en Ronda y llevan su nombre, empezaron a ganar premios y a venderse en toda Europa. El valor de la finca es incalculable.

Hubertus de Hohenlohe, fotógrafo y músico, no ha estimado el valor de su herencia. El príncipe Alfonso ha debido poseer alrededor de nueve millones de euros, repartidos en viñas, el gran terreno de golf que construyó en Marbella, una villa en esta ciudad y otra en Ronda. La mayoría de los fondos constituyen tierras y patrimonio inmobiliario. Sin embargo, el príncipe se mostró aliviado: tuvo que reclamar mucho contra los que intentaron engañar a su padre pero ahora todo parece estar en orden. Sus hermanas y él aún no han tocado nada. La herencia está custodiada por un administrador de bienes.

Amadeo-Martín Rey y Cabieses