Martes 06/12/2016. Actualizado 01:00h

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Franz de Baviera: "La Fe hace que los hombres se sientan seguros allá donde estén"

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El Jefe de la Casa Real de Baviera repasa, en una entrevista concedida a Aldo Parmeggiani y difundida por Radio Vaticano, la historia de su familia y se muestra esperanzado con una juventud que hace suyas las palabras de un Papa bávaro, Benedicto XVI.

Agradecimiento a Florence del forum royaute2

En una entrevista concedida por S.A.R. Franz, duque de Baviera y Jefe de la Casa Real de esa antigua nación alemana, a Aldo Parmeggiani y difundida por Radio Vaticano, este príncipe ha revelado muchos datos interesantes sobre su labor como cabeza de la familia Wittelsbach que otrora reinara en Baviera.

El Príncipe nació en Munich, capital de ese antiguo Reino, el 14 de julio de 1933. Estudió en Ettal con los benedictinos, para luego formarse en ciencias políticas, economía y administración de empresas. Heredó de sus padres un afán caritativo que vive con alegría. Es soltero y un gran amante del arte, que para él “forma parte de sus genes”, tanto las artes plásticas como la música y la literatura. En su opinión el poder de expresión del arte clásico y del abstracto es parecido. No admite la existencia de un “arte degenerado” sino solamente de un arte que no todos pueden comprender al primer momento.

Vive en un ala del palacio de Nymphenburg, en Munich. Precisamente se ocupa de la asociación de ayuda al Nymphenburg que creó su madre después de la Segunda Guerra Mundial. También participa en diversos comités como en el Consejo Internacional del Museo de Arte Moderno de Nueva York, en los Amigos de la Pinacoteca de Arte Moderno de Munich, la Academia Bávara de Bellas Artes, la Academia Católica, el Sindicato de Fundadores de la Ciencia Alemana, y es miembro honorario de la Academia Bávara de Ciencias.

Para él, ser Jefe de la Casa Real de Baviera, condición que ostenta desde 1996, significa velar por la unidad y la conservación de los principios de su familia. Considera necesario relacionarse con gentes de todo el país y conocer sus necesidades para, como familia real, poder aportar ayuda, sin hacerse notar.

Entre los acontecimientos más relevantes de su histórica familiar destaca el tratado de Pavía, en el s. XIV, que unificó todas las tierras bávaras bajo el señorío de los Wittelsbach, sin que pudieran heredarse por otras familias. Entiende como un fracaso de su linaje las querellas internas y disensiones familiares de los siglos XV y XVI.

En la entrevista también recuerda su reclusión, por parte de la Gestapo, en 1944, en los campos de concentración de Sachsenhausen, Flossenbürg y Dachau, cuando aún era un niño. En esos trágicos momentos sus padres le protegieron con inmenso coraje. Para el Jefe de la Casa Real de Baviera, la historia de su familia muestra una estrecha unión entre ésta y el país, que se han influido mutuamente, y considera esa unión todo un éxito.

Se declara admirador del emperador Luis el Bávaro, que se rodeó de los grandes pensadores de su tiempo, del príncipe elector Juan Guillermo del Palatinado, gran coleccionista de arte; del príncipe elector Maximiliano I, del rey Luis II, que a pesar de sus excentricidades comprendió muy bien las necesidades de su país, sin permitir que este ejerciera de potencia militar, sino dedicando sus energías a las obras públicas y al arte; o a Maximiliano II, gran promotor de los avances científicos.

Prudentemente señala que no cree que existan personas que no hayan superado la caída de la monarquía en Baviera en 1918, y que hoy deseen vivir en una Baviera distinta. Para él la Europa de hoy se articula en una unión de países, que se han adherido voluntariamente, y que tienen fundamentos comunes, una misma forma de pensar, y los mismos principios de derecho y justicia. Por eso, considera hoy excesiva su imparable extensión geográfica, con la adhesión de nuevos países, y que pronto dejará de funcionar.

Considera fundamental que la juventud crezca bien formada, con una preparación adecuada y accesible a todos. La religión –manifiesta en la entrevista- ha conseguido que se respeten ciertos límites en la moral y en el comportamiento de los pueblos. "Mi Casa, con su continuidad, ha contribuido a mantener esa tradición, que ha servido además para establecer unas bases seguras útiles para encarar el futuro con verdadera libertad. En este sentido, además, la religión constituye una base fundamental para toda la vida. Baviera fue siempre una tierra profundamente marcada por el catolicismo. Es verdad que, tras la Segunda Guerra Mundial, muchos refugiados llegados a esta tierra no eran católicos, pero también lo es que, desde 1806 se unieron a Baviera regiones no católicas. En todo caso, es importante la Fe, que hace que los hombres se sientan seguros allá donde estén. En este sentido, me siento un ser privilegiado al que se le han dado oportunidades que no todos han tenido. Todo ello se lo agradezco a Dios".

En la conversación, Franz de Baviera recuerda su relación con el actual Pontífice: "El actual Papa está muy ligado a Baviera y a la Casa de Wittelsbach. Su elección al solio pontificio fue una emocionante sorpresa para mi, que conocía al entonces cardenal Joseph Ratzinger desde antiguo. Ahora me doy cuenta de que ha asumido su papel perfectamente. Fuimos recibidos, yo y mi familia por el Santo Padre, tras su entronización, en audiencia privada. Era importante que, ya que la Iglesia tenía un Papa bávaro, la Casa de Wittlelsbach fuera Roma a rendirle homenaje. Fue muy emocionante".

No se olvida, en su referencia a Benedicto XVI de su trabajo con la juventud. "Es importante insistir en la necesidad de la sinceridad sin que ésta suponga herir, de ser franco sin olvidar las formas. Los jóvenes son curiosos, abiertos, llenos de vida y de ellos se puede aprender mucho. Tengo una gran esperanza en una juventud que acoge las palabras del Papa Benedicto XVI y las hace suyas".

Amadeo-Martín Rey y Cabieses