Lunes 05/12/2016. Actualizado 01:00h

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Bután se prepara para coronar al rey más joven del mundo durante una ceremonia que no se celebra desde hace más de 30 años

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El próximo 6 de noviembre, durante un festejo estrictamente íntimo -no asistirán miembros de la realeza extranjera-, Jigme Khesar Namgyal Wangchuck por fin será coronado, dos años después de su ascensión al trono, como rey de Bután. En marzo de este año, a través de las urnas, el país puso fin a 101 años de monarquía absoluta para dar paso a una monarquía democrática al estilo del Viejo Continente. La coronación debió haberse celebrado el año pasado, pero un astrólogo real consideró que 2008 era más favorable.

Los butaneses le dicen “Druk Gyalpo” (“Rey Dragón”). Nacido el 21 de febrero de 1980, cuando su padre el rey Jigme Singye Wangchuck llevaba ocho años en el trono, Jigme Khesar Mangyal, futuro monarca de Bután, es hijo de la reina Ashi Tshering Yangdon, perteneciente a la aristocrática estirpe de los Dorji. No ha seguido el ejemplo de su padre, que tomó cuatro esposas, aunque ha dejado fama de "playboy" en Nueva Delhi, donde tiene una mansión. En 2006, el rey Jigme renunció al trono y deseó que el traspaso a su joven hijo simbolizara la modernización de su reino.

El 1 de noviembre, el rey recibirá el sagrado “Dhar”, símbolo del poder real, en el Machhen Lhakhang de Zhabdrung Ngawang Namgyal, en el interior del santuario de Punakha Dzong, en una ceremonia presidida por el Je Khenpo, un alto líder espiritual del reino. El primer ministro dijo a los medios de comunicación de Bután que el Gobierno no ha invitado a miembros de la realeza extranjera y dignatarios de todo el mundo, porque el rey desea celebrar esta ocasión íntimamente con su pueblo. Esta ceremonia, denominada "Khadar kuenrey", no se realiza desde 1974, cuando fue coronado el anterior rey.

La monarquía butanesa, con la dinastía Wangchuck al frente, nació en 1907, y desde entonces ha habido cuatro “reyes dragones”, personajes altamente venerados y respetados en todas las esferas sociales de su país. El monarca gozó siempre de un prestigio raramente impugnado y continuó ejerciendo un poder de índole carismático, con el título de “Rey Dragón” que le reconoció oficialmente la India en 1963 en lugar del de Maharajá. Por más de mil años, este pequeño reino ha sobrevivido en un aislamiento espléndido, un lugar del tamaño de Suiza enclavado en los pliegues montañosos de dos gigantes. Excluido del mundo exterior tanto por la geografía como por una decisión política deliberada, el país no tuvo caminos, ni electricidad, ni vehículos de motor, ni teléfonos, ni servicio postal hasta los años 60 del siglo XX.

En 1979, el rey contrajo matrimonio con cuatro hermanas, hijas de un noble de alto rango, las cuales han vivido bajo el mismo techo que funcionó alguna vez como monasterio. El 14 de diciembre de 2006, el rey anunció su abdicación, la eliminación de todos los poderes reales y la cesión de un trono meramente simbólico a su hijo, el joven de 25 años Jigme Khesar, fruto de la unión del rey Jigme Singye con la tercera de sus cuatro esposas, la reina Ashi. En la víspera del milenio, en 1999, Bután otorgó a sus ciudadanos el ansiado acceso a la televisión: fue el último país en el planeta que lo hizo. Internet se filtró ese mismo año, gracias a la intervención de una de las esposas del rey.

Darío Silva D’Andrea